Hoy iremos en un recorrido por la bahía para observar el lecho del mar en una embarcación con fondo de cristal. Partiremos del muelle cove. Muy cerca del primer hotel: Blue cove. Pasamos frente a él con no buenos recuerdos.

El muelle es viejo y destartalado. La madera del piso está podrida a tramos. Subimos a un lanchón de fibra de vidrio y hierro con cristales en la parte más baja. Una banca larga al centro permite que los pasajeros se sienten para poder ver hacia el mar.

Comenzamos el recorrido. El agua límpida permite ver el fondo. Los cristales no ayudan, están llenos de un verde moho. Poco a poco empiezan a verse algunos corales, peces diversos. Llegamos donde los lugareños han pretendido hacer un museo. Algunas estatuas que se han caído y una enorme ancla son los principales atractivos.

Un pasajero se ha mareado. Indispuesto se recuesta tratando de recuperarse, una mujer, al parecer su esposa, bromea porque no se había percatado del hecho. Un pequeño le dice a su madre que no se está divirtiendo.

En el recorrido de dos horas pude ver claramente mucha basura en el fondo del mar: chatarra y llantas llaman poderosamente mi atención. Este rincón de la tierra no ha logrado escapar del deterioro provocado por la especie “pensante”

Los corales nos son tan abundantes como hubiera deseado, tampoco los peces, aunque alcanzo a ver una mantarraya que me toma por sorpresa y no logro fotografiar. Nos llevan a un espacio en el mar donde un joven se lanza a bucear con gran pericia para amarrar la embarcación a una boya. Impresiona su capacidad para sostener la respiración.

Ahí tenemos oportunidad de nadar en un mar agradablemente refrescante. La mayoría de los pasajeros nos lanzamos al agua. Shaddy se ha apartado de su madre con enojo. Ninguno de los dos sabe nadar. A ella le ha dado miedo que entre al agua y no le ha permitido que nos acompañe.

Tras unos minutos de solaz, nos informan que debemos subir. El tiempo de esparcimiento ha terminado. Estamos cerca del medio día y nos esperan en el  muelle para trasladarnos al hotel.  El retorno resulta tedioso para la mayoría de los viajeros.

Sigo observando el fondo y disfruto del azul en diferentes tonalidades. Sin duda es un mar hermoso. Shaddy recupera la tranquilidad poco a poco y atracamos en calma.

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Cuando pequeña, soñaba y escribía. Jugaba con mis hermanos a "la escuelita" y yo era la maestra, esto último se cumplió. Durante muchos años gocé de las satisfacciones que deja la docencia en casi todos los niveles, en consecuencia, la escritura se fue postergando. Mis circunstancias cambiaron. Ahora, escribir por fin es prioritario y mi país México, siempre me regala un motivo para hacerlo.
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