Unos se van y otros se quedan. Alguna silla queda vacía para luego ser ocupada. Así es. Así pasa. Cada persona que tuvo un espacio físico ante la mesa también lo tiene en mi memoria.

Al principio de la partida siempre me dejan un sentimiento de pérdida, un dolor agudo y profundo. Con el paso del tiempo, esa emoción va dando paso a la conformidad, a la certeza de que cumplieron un papel que ha terminado.

Otras personas llegan y ocupan esos lugares físicos. Inundan con gestos palabras, acciones y te regalan desinteresadamente sentimientos de amor y esperanza. Todo es un ir y venir. Lo permanente es que cada persona que ha llegado y se ha ido por alguna razón  fue determinante en mi camino.

Una a una la gente de mi historia dejó una huella que se hace más honda. Pero como toda cicatriz, después de un rato más o menos largo, deja de doler para convertirse en un indicio de experiencia y enriquecimiento interno.

Cada inicio de año hago un recuento de las ganancias porque aunque alguien ya no esté, su legado siempre permanecerá conmigo.

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Cuando pequeña, soñaba y escribía. Jugaba con mis hermanos a "la escuelita" y yo era la maestra, esto último se cumplió. Durante muchos años gocé de las satisfacciones que deja la docencia en casi todos los niveles, en consecuencia, la escritura se fue postergando. Mis circunstancias cambiaron. Ahora, escribir por fin es prioritario y mi país México, siempre me regala un motivo para hacerlo.
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