Mis amigos están cansados. Optan por no asistir al viaje por la bahía. Me alisto pues no quiero perdérmelo. Somos muchos los que esperamos en el muelle Toninos. En el lanchón, nos van trasladando de a poco al barco.

En cada viaje llevan aproximadamente cuarenta pasajeros. Somos cerca de ciento sesenta personas en la embarcación. Comenzamos a navegar. Me ubico a un costado de la cabina para ver de frente. La gente prefiere ir sentada dentro de la embarcación.

Comienza la música. Llama mi atención una joven que baila sola, al tiempo que disfruta del panorama. Va acompañada por una mujer mayor. Tomo diferentes fotografías y me apetece tener una conmigo en cubierta. Pido a la señora me ayude y ella le da la cámara a la joven.

Así entablamos plática. Vienen de Huasca. Son nieta y abuela. La mujer mayor se ha hecho cargo de la joven desde pequeña, le ha dado educación y a cambio, ha recibido el agradecimiento y cariño de su nieta. Este viaje lo han pagado entre ambas. Es una abuela orgullosa.

Vemos Jhony Key, una pequeña isla, reconocida por su belleza. En este momento, está prohibido acceder a ella. Al parecer la playa está en recuperación. Desde mi puesto observo con claridad los diferentes tonos del mar, desde un azul clarísimos hasta el azul marino intenso pasando por un verde esmeralda.

Una lluvia sorpresiva obliga a muchos pasajeros a guarecerse bajo cubierta. Nosotras permanecemos en nuestro lugar. La brisa hace llegar a nuestros rostros unas gotas refrescantes. El mar y el viento forman una combinación perfecta.

De pronto invitan a los pasajeros a bailar. Muchos se ponen en pie y mi nueva amiga me pide que la acompañe a tomar  asiento en las sillas vacías. El joven que dirige la diversión baila con entusiasmo. Vemos como la nieta se integra al baile con alegría.

La juventud derrocha energía. Siempre recordaré con admiración a esta gran mujer, anciana y cariñosa con su nieta alegre y entusiasta. La nieta me dice que algún día irá a México, ella promete comunicarse conmigo de cumplir su meta.  Retornamos al muelle entre baile, bromas y risas.

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Cuando pequeña, soñaba y escribía. Jugaba con mis hermanos a "la escuelita" y yo era la maestra, esto último se cumplió. Durante muchos años gocé de las satisfacciones que deja la docencia en casi todos los niveles, en consecuencia, la escritura se fue postergando. Mis circunstancias cambiaron. Ahora, escribir por fin es prioritario y mi país México, siempre me regala un motivo para hacerlo.
Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Últimos post porLorena Guadalupe Páez Aguirre (Ver todos)

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

Deja un comentario