Es otro día. Salgo temprano para tomar el desayuno e ir a la siguiente excursión: una vuelta por la isla. Mis amigos tampoco irán. Ya conocen el recorrido y no les interesa volver a hacerlo. A mí me entusiasma.

Abordamos una chiva, es un autobús sin ventanas y ornamentado con escenas de la isla por todos los costados. Platico con los miembros de una familia intercambiando opiniones sobre el viaje.

Recorreremos toda la isla a través de poco más de kilómetro y medio. Tomaremos  la carretera que la circunda hacia el poniente, luego giraremos al sur para regresar por todo el oriente hasta el punto inicial en la cabeza del caballito de mar, imagen que asemeja la isla.

Partimos. En minutos tenemos al mar a nuestra derecha. Este lado de la isla carece de playas, todo es arrecife coralino. El mar abierto  labra con sus fuertes olas toda esta costa. El guía nos va describiendo el panorama. Pasamos por el barrio más rico, residencias de árabes y judíos, propietarios de los grandes comercios de la isla.

Los isleños se dedican en su mayoría al turismo. Es una localidad de consumo. Nada se produce aquí, todo es importado. Salvo los productos de mar, todo viene de fuera, desde alimentos hasta tecnología.

Alguna vez existió una empresa que procesaba el coco. Una mala administración hizo quebrar la fábrica. Desde entonces no hay nada más.

Vamos bordeando la isla. Paramos en la cueva de Morgan. Este corsario inglés tuvo cerca de 48 mujeres y alrededor de ciento treinta y ocho hijos, el decir de los lugareños. Nos informan que la isla fue descubierta por españoles y colonizada por ingleses. Al no contar con fuentes de agua dulce, no fue de interés para los primeros.

Seguimos y hacemos una nueva parada  en la piscina. Es un recodo en la piedra coralina donde se han colocado trampolines y escaleras para poder nadar. Al llegar debes pagar cinco mil pesos lo que te da derecho al chapuzón y un pedazo de pan para alimentar a los peces.

El desperdigar las migas te da la oportunidad de ver cómo se reúne una gran cantidad de peces de buen tamaño y diversos colores. La estancia es breve y continuamos el camino. Llegamos donde termina la isla para girar a la izquierda.

Tomamos el costado oriente. Aquí inician las playas. Lo primero que vemos es Baby beach, una playa donde se han formado pequeñas albercas de aguas mansas. El oleaje es casi nulo, por tal razón le han dado el nombre que lleva.

Seguimos con San Luis. Aquí se encuentra uno de los hoteles de la cadena Decameron. Antaño tuvieron la fama de ser las mejores playas de todo San Andrés. En tiempos cercanos, fenómenos meteorológicos arrasaron con la arena. Sólo vemos el mar que llega a hondonadas cubiertas de roca.

Pasamos frente a las playas en las que ya hemos estado para visitar Rocky key. Son suaves y serenas. Seguimos bordeando hasta regresar al punto inicial. Hemos circundado la isla por de tres horas   de las cuales la mitad se han ocupado para conocer lugares emblemáticos.

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Cuando pequeña, soñaba y escribía. Jugaba con mis hermanos a "la escuelita" y yo era la maestra, esto último se cumplió. Durante muchos años gocé de las satisfacciones que deja la docencia en casi todos los niveles, en consecuencia, la escritura se fue postergando. Mis circunstancias cambiaron. Ahora, escribir por fin es prioritario y mi país México, siempre me regala un motivo para hacerlo.
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