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Volábamos en bandadas, cruzándonos unas con otras en abierta competencia. Me encantaba hacer piruetas, sobre todo delante de los niños. Disfrutaba burlarme de ellos, presumiendo de vuelos rasantes a dos palmos de sus narices. Así lo hice con un muchachito, a quien pregunté después de exhibir siete rizos y un tirabuzón:

– ¿Me envidias?

– ¿Qué es “envidiar”?

– Que deseas lo que yo tengo. Yo soy rápida y ligera, poseo un vuelo audaz capaz de esquivar los coches, no hay quien pueda atraparme. Pero tú eres lento, tus movimientos son torpes, apenas corres más rápido que un lagarto. Por fuerza, me envidias.

– Si me moviera tan rápido no podría ver las flores.

– Yo tengo muy buena vista. Puedo percibir cualquier obstáculo en décimas de segundo y esquivarlo con toda rapidez. Nunca he chocado con nada.

– ¿Has visto la forma de corazón de sus pétalos? ¿Cómo cambian sus colores cuanto más se acercan al tallo? ¿Has observado su baile cuando son mecidas por el viento?

Sorprendida ante tal respuesta, no pude más que callar.

– Las flores son efímeras. Nacen para desaparecer. Ahora es el momento de mirarlas porque cuando llegue el invierno tal vez ya no estarán. Y si voy demasiado rápido, no podría verlas -repitió.

No supe qué decir. En ese momento observé por primera vez sus cabellos dorados y su mirada melancólica. Me habló de una rosa, de volcanes y baobabs. Y se fue. Dijo que buscaba a alguien que le dibujase un cordero.

Eran los últimos atardeceres de marzo. El sol bañaba de calidez el paisaje. Se respiraba la frescura de la tierra recién mojada. Y yo me quedé allí, ofreciendo mi tiempo a observar el maravilloso espectáculo de acrobacias que ofrecían mis hermanas, las golondrinas, bajo el cielo rosado de una puesta de sol.

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Juan Sauce

Lector y dibujante de cómics desde que tengo memoria, descubrí mi interés por los libros a una edad tardía, casi acabada la adolescencia, con dos obras muy concretas: “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry y “El joven peregrino”, de Helen L. Taylor. Ambos relatos repletos de metáforas; quizá por eso es mi forma favorita de narrar, una manera imaginativa de compartir mis ideas. Me gusta la fantasía, la ciencia ficción y la aventura. Me interesa la psicología, la religión y la naturaleza. Sueño con escribir para niños y jóvenes, aunque desde esta ventana voy a intentar llamar la atención de lectores de todas las edades. A ver si lo consigo...
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