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Vuela bajo la luz del crepúsculo una mariposa de grandes alas de ojo de lechuza y torpe movimiento. Cruza el bosque sin rumbo aparente y sobrevuela las sucias cabezas de dos sucios bandidos que andan al acecho de un hombre solitario. —¿Qué riquezas habrá de portar un peregrino de alta cuna?— se preguntan los tristes malhechores—Aguardemos a que duerma para que su acero no pueda detenernos—acuerdan murmurando—no has de fiarte de las finas manos de un señorito, querido sobrino, pues han levantado, a nuestro pesar, más espada que azada—.

Contemplando el cielo estrellado, cae el manto de morfeo sobre el exhausto peregrino. Dando cuenta de ello, los pacientes maleantes alzan sus retorcidos cuerpos y desnudan sus navajas bajo la luz de la luna. —Hombre que resopla, estimado sobrino, lo mismo que un niño de teta es—. Y agachados y silenciosos se acercan a su nueva víctima, mas la torpe mariposa de ojos de búho se posa en la fría nariz del durmiente solitario y abre sus alas orgullosa. —Querido tío, aun oyendo que el señorito resopla, diría yo que con ojos bien abiertos nos mira—. El maestro bandido que andaba algo corto de vista propina un capón a la coronilla piojosa de su pupilo—Estupideces cuentas igual que mi hermana, que tu madre es—. Mas al aproximarse palidece y tuerce la opinión. —Corre como el viento, querido sobrino, que hombre que duerme con ojos abiertos, demonio lleva y de aspecto terrible, éste es. Y los sucios bandidos huyen cual rata del orín de gato y la mariposa de ojos de búho alza el vuelo indecisa. Duerme el peregrino de cabello dorado y alta cuna creyéndose amado por la noche y las estrellas.

 

En la alejada Hispania. Siglo III

 

Continuará el 23 de Abril