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Era muy estimulante la expectativa de que Bali sería un paraíso. Dentro del avión nos atendían aquellas azafatas vestidas con bonitos trajes étnicos, tan esbeltas, tan finas y serviciales. Sin embargo, el aeropuerto estaba en huelga. Los pasajeros bajamos del avión y nos hicieron esperar junto a la escalerilla en medio de una pista vacía. La tripulación parecía estresada. Nos indicaron que nos acercásemos a la montaña de maletas que habían vaciado allí mismo, y que seleccionáramos la nuestra. Alguien dijo algo así como bienvenidos a Indonesia, bienvenidos al tercer mundo. Uno de los tripulantes nos respondió en inglés preguntando si en Europa nunca había huelgas de aeropuertos. Algunos trataron de explicar en un inglés macarrónico que «in Spain exist minimum servises», pero nosotros en vez de enredarnos en discusiones, corrimos a localizar cuanto antes nuestros maletones.

El calor era apabullante. Yo pensaba que salía del motor del avión pero no. La atmósfera parecía a punto de arder. Con cierto desorden entre los pasajeros, localicé nuestro equipaje y volví cargado hasta donde el segundo de abordo seguía discutiendo sobre huelgas y creo también que sobre el ramadán aunque allí la mayoría no éramos musulmanes. Algunos pasajeros no encontraron sus maletas, así que se decidió que, aquellos que ya las tuviéramos, fuésemos al control de pasaportes. Ella y yo estábamos bastante enteros, pero otras parejas que como nosotros habían tomado el avión en Bangkok, parecían mareadas por la temperatura y el estrés.

El aeropuerto de Bali Dempasar, se llama Aeropuerto Internacional Ngurah Rai. No era un gran aeropuerto, pese a sus veinte millones de vuelos al año. Los pómulos asiáticos de los policías de Bali les daban un aire despiadado y me hacían pensar en esas películas de golpes de estado y torturas. Sin embargo, nos miraron con apatía y nos dejaron pasar.

-¡Wait, wait! ¡Come here!

Me explicaron que tenían que confiscar mi ordenador portátil. ¿Por qué? Por seguridad. ¿Acaso no se podía entrar en Bali con un ordenador portátil? Ellos solo repetían «security, security». El policía se me quedaba mirando como con pena, esperando de mí alguna reacción.

Pregunté a mi mujer si llevaba monedas o billetes de poco valor. Reunimos el equivalente a unos 4 euros en calderilla. Los tomé y les dije:

-I understand security.

Y él respondió:

-Yes, security.

Y yo le dije:

-You are a good person, eres bueno. Cuidas tu país. Cuidas Indonesia. ¡Good policeman! Please, acepte mi obsequio por ser buen policía, es un honor conocerlo, please, tómese algo porque nosotros honey moon, luna de miel. Tenga, por mi honey moon. En mi país los novios give presents, regalan dinero a la gente, Spanish tradition, porque we are happy because of our honey moon. Tenga, costumbre española, regalo de honey moon. Hala, ¿ve cómo yo entiendo security? I understand security very well. Tenga: security. No tengo más security.

El policía sonrió con cara de triunfo y miró a uno de sus compañeros que también se alegraba, ambos con bigote y con cara como de, ¿ves lo que yo te decía?

-OK, ok, -dijo señalando mi ordenador-. Thank you and happy honey moon.

Dejamos atrás la aduana y fuimos a por un coche de alquiler.
-Cari, ¿acabamos de pisar esta isla y ya has tenido que sobornar a un policía?
-La verdad es que ha salido muy barato. Olvidémoslo. No me quiero cabrear. Es nuestra luna de miel.

Tras unos minutos de firmar papeles en una oficina de RENT A CAR junto a una nativa muy guapa que sí que hablaba en inglés, no como el policía, tomamos nuestro 4×4 de alquiler. Los dos con nuestras camisas remangadas y nuestras gafas de sol en un Jeep sin techo ni puertas.

Empezamos a circular. Yo escuchaba atento el sonido del motor de aquel coche. Una brisa suave ahuecaba nuestras camisas. A menos de cien metros del aparcamiento un policía de tráfico empezó a pitar y me hizo señales muy enérgicas para que aparcase a un lado de la carretera. Empezó a chapurrear en inglés, como el anterior.

-¿Qué te dice, Cari? No se le entiende nada.
-Que hemos parado en el stop más de lo necesario.
-¿Parado en un stop más de lo necesario? ¿Qué infracción es esa?
-Eso dice. Y que al ser un coche de alquiler ocupado por extranjeros se tiene que quedar con nuestros pasaportes y no podemos seguir conduciendo. ¿Tienes otros tres o cuatro dólares?
-¡Ay! Mira que yo quería el combinado USA y Canada…
-Mujer, no te preocupes. Esto nos valdrá para el desafío literario que acaba mañana.
-¡Pero si mañana es el último día!
-Eso digo. Pues esta tarde en el hotel escribiremos un relato, y nos darán el premio en https://desafiosliterarios.com/  contando esto.
-Ah, claro. Justo lo que suelen hacer en Bali dos recién casados en viaje de honey moon.
-No te preocupes. Primero haremos lo primero que tenemos que hacer.
-¿Registrarnos en la web Desafíos Literarios?
-Anda, vamos, que a ti te voy a registrar yo en cuanto lleguemos. -¿Y si paramos aquí mismo y nos vamos registrando un poco?
-No, que llegará otro policía a hacernos objeto de otra microestorsión. Otra «security» de esas. Vayámonos al hotel y registrémonos allí.
-Mutuamente.
-¿Pero le has dado ya el dinero? ¡Que tienes al guardia esperando, cari!