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—Brillas porque no te queda otra. ¡Eres una estrella!

—Pues, chica, qué cansancio esto del brilli-brilli, a veces me gustaría apagarme y quedarme a oscuras un poquito.

—No puedes, las estrellas siguen luciendo millones de años, incluso después de muertas, -contesta sabionda la Luna.

—Detesto cuando hablas así, Luna, suenas repelente, ¿lo sabes?

—Te molesta oír la verdad, eso no me hace repelente a mí, sino a ti.

—¡Ves lo que te digo! Esa forma de hablar, siempre tienes respuesta para todo. Sabes cómo hay que decir las cosas, pero a lo mejor no has reparado en cómo las sienten los demás. Cada frase, argumento o historia tiene diferentes matices, depende de la versión que oigas, tendrás una visión u otra del mismo incidente. Y depende de a quién se la cuentes, entenderá o sentirá algo muy distinto. Te pondré un ejemplo, te ruego que calles y escuches la historia que quiero contarte:

Un marido, alto ejecutivo de una emergente empresa, prepara un fin de semana de pesca con un compromiso de trabajo. A la hora de disponer todo para el viaje, le advierte a su esposa que le ponga en la maleta su nuevo pijama de seda salvaje, haciendo especial hincapié en el encargo para que no se le olvide. Al finalizar el fin de semana y ya de regreso a casa, el marido le explica a su esposa lo bien que lo pasó en su viaje y la gran cantidad de peces que capturaron. Sin embargo, le demuestra indignado su malestar porque  ella  olvidó ponerle el pijama de seda salvaje en la maleta, tal y como él le había pedido.

—Querida, debes tener más cuidado la próxima vez. Los detalles marcan la diferencia, te advertí que necesitaba el pijama de seda. Y claramente, ignoraste mi encargo.

Su serena esposa, con pasmosa templanza, lo mira fijamente a los ojos y contesta: “Querido y amado esposo… Si hubieras abierto el bolso donde guardas los arreos de pesca, habrías visto que te lo puse allí…”

—¡Oh!… ¡Por todos los astros! ¡Qué sabia y qué elegante la esposa!, y ¿no le partió la caña de pescar en la cabeza? El brillo y la inteligencia de esa mujer no se apagarán fácilmente. Pero me gustaría que se vengara del marido, quitándole todo cuanto posee, -apostilla indignada la luna.

—Tu amargura y tu propio recelo te hacen hablar así. Ahora escúchame de nuevo,  quiero contarte la historia de otra forma:

Imagina a un hombre triste y melancólico que ve su vida pasar. Asfixiado, enjaulado en una vida que carece de sentido, sin el menor atisbo de romanticismo. Cansado de ser prácticamente invisible en casa, hastiado de su fría y esquiva esposa, una mujer manipuladora, castrante, acostumbrada a humillarlo una y otra vez.  Ese hombre necesita sentirse vivo. No solo que respira y anda, no, ¡¡VIVO!! Que sus ojos brillen recordando una sonrisa dirigida a él. Y un día, cuando menos lo espera, aparece ella: La chica dulce, amable, cariñosa y tierna que le tiende una mano y le dice… “Mi amor, deseo pasar una noche junto a ti, te necesito a mi lado”.

Y ese hombre se derrite y se hace agüita. Llega a su casa y encuentra a un témpano de hielo, un iceberg sentado en el sofá frente al televisor, mirándolo como si le perdonara la vida. Y decide que ya está bien, que quiere sentirse amado. Agarra sin acierto los aparejos de pesca y le cuenta a su esposa la milonga pertinente sobre el pijama y la pesca. Ella en lugar de dialogar, o de ofrecerse para ir con él, prefiere ponerle una trampa para cazarlo y hacerle sentir que es mucho más lista que él.

El hombre pasa un fin de semana inolvidable y romántico. Vuelve vivo y con ganas de comerse el mundo y cuando regresa a casa, ella de nuevo le restriega lo tonto que es, al confesarle dónde puso su pijama. ¿Quién crees ahora que debe vengarse de quién?

—¡Vaya! Nunca lo habría visto así. Pobre hombre, debería haberse quedado con la chica, no solo el fin de semana, sino toda una vida, merece ser amado. La bruja de su esposa debería dejarlo libre para que sea feliz, -comenta la luna mucho más conforme con la nueva historia.

—Vale, ahora vuelve a callarte un poquito anda, que te contaré la historia de otro modo, -asegura el lucero:
Una chica joven, calculadora y ambiciosa, decide dar un giro a su vida y traza un plan. Conquistar a un señor con cierta posición social, un matrimonio aburrido y una empresa en auge. Sin pensarlo dos veces, encuentra a la víctima, se calza al tipo, se carga el matrimonio y se queda con la empresa.

—¡Por Júpiter y todos los astros! Los humanos son muy complicados, mucho más de lo que pensaba. Y yo que me quejaba por chispas sin importancia. Anda, dale caña al brillo que se hace de noche y tu yo tenemos que volver a brillar. Mañana me cuentas más.

Mara Marley