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Las hormigas…

A veces te quedas esperando que venga Dios a verte, pero Dios, no aparece.

Y entonces, uno reflexiona en silencio, alejándose del bullicio para escucharse mejor.

Y comprende que, Dios tiene mucho trabajo para atenderle, y que uno tan solo es una hormiga, al servicio de otras más. Porque las hormigas no entienden de horarios, ni de listas de espera. Tan solo de trabajar, de trazar caminos que converjan en el horizonte. De saber esperar un remonte de lluvia por el que navegar, con viento a favor.

Las hormigas siempre serán hormigas, aunque la lluvia las eleve hasta la superficie del pozo. Pequeños seres evolucionados por costumbre, más que por progreso. Predadores reunidos en colonias, en torno a una simple cáscara de pipa, admirado tótem natural, símbolo de bonanza y opulencia. Una hormiga no cuestiona a Dios, tan solo lo venera como la perfección máxima de la naturaleza, con fe, dirigiendo sus antenas hacia él, esperando el rayo divino que alumbre el camino de su próxima evolución.

Y luego, están los dioses…

Esos que cambian de aspecto, pero nunca de barro, no de la arcilla de la que están hechos. Los dioses pueden admirar al pueblo desde la cumbre, elegir al azar un insecto de su creación, para luego otorgarle alas, patas o caparazón mientras se lanzan los dados del Señor.

Solo se puede jugar a ser Dios, cuando los demás creen que eres Dios, y es entonces, cuando sientes el poder. Tú y solo tú, has sido señalado y elegido para tal cuestión. Las hormigas de la Tierra caminarán a tu lado, como legión, como ejército espontáneo adherido a tu causa, pero jamás formarán parte de ti, porque la soledad de los dioses es el pago, el premio y el castigo, por su divinidad.

Los dioses alimentan monstruos imaginarios, imágenes proyectadas a diario en la conciencia de las criaturas del mundo, para mantener sus miedos al nivel deseado y manipulable. Y el miedo, siempre tan condescendiente, vuelve de rebote hasta cualquier dios, en forma de plegaria. Nada mejor que el miedo para creer, en dioses y monstruos.

Pero luego, estás tú…

Nunca he creído en dioses, ni en altares. Ni siquiera en las flores que adornan sus cristales.

Porque todo es mentira, lo que esperas y lo que debes, lo que admiras y lo que eres.

Pero tú no. Yo creo en ti, por encima de todas las cosas, de las hormigas y de los propios dioses. Por encima de cualquier poder real, divino o humano. Aunque estés dormido.

Porque aún dormido, tu sonrisa sigue siendo verdad… Tan verdad como la sonrisa del plácido niño mecido en su cuna que empieza a soñar.

Yo creo en ti, por encima de todas las cosas, de los dioses, de los monstruos, y hasta del ácido fórmico… creo en ti por encima de todo lo demás y mucho más allá.

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Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.
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