He vuelto a recorrer aquellos lugares que anduve contigo. Si los vieras hoy, ya no parecen los mismos. No hay música ni melodía en ellos, no hay colores ni magia. Solo  un hueco sin presencia,  un vacío que pesa, trasciende y  pasa.

He andado por San Antón, por Gomerez y el Chapí. He buscado en los bolsillos de tu chaqueta alguno de los pequeños tesoros que escondías de madrugada para mí, la chaqueta sigue en el armario, pero en sus bolsillos, en sus bolsillos nada hallo. Buscando en los cajones he encontrado algunos puros y de sorpresa en una caja escondida, estaba tu vieja pipa. Me he puesto tu perfume y tu pijama, tus camisetas y alguna que otra corbata.

Ya no suenan tus risas en el aire, ni tus pasos persiguiendo mi sombra. He buscado en mis manos tu tacto, sin hallar el consuelo que esperaba. A veces, me asalta el recuerdo del perfume de aquellas rosas robadas, del jardín de la biblioteca en Octubre, donde paseabas en las tardes con tantas ganas.

He salido a buscarte con urgencia a aquellos rincones nuestros. Pero no soporto el silencio donde ya no resuena tu nombre. Extraño tus manos bonitas y tu sonrisa, tus ideas y ocurrencias y tu elegancia. Te he buscado en la orilla de la playa, alrededor de tu “parcelita” que tanto te gustaba en el mar. Extraño todo aquello que era nuestro, mi cómplice, mi caballero sin espada, mi guerrero de mil batallas.

Y he recordado aquel día, en que tuve que besar tu cara fría.

Dicen que llorar no duele, al menos el hecho de que caigan las lágrimas deslizándose por la cara, no causa dolor. Es la sal del agua la que genera las lágrimas, la que se agarra a las entrañas del corazón, la que se extiende como una manto de ácido y desolación, la que se aferra a las raíces del alma estrangulando y abrasando todo a su paso.

Debes saber que La Tierra no ha conocido lamento más triste que el llanto por tu partida. Ni más dolor, ni más eternidad. Es la sal de la vida y la desazón de la muerte el puñal más certero, yo lo llevo desde enero clavado en el pecho

A pesar de todo, dicen que hay un lugar donde regresar, donde esconderse cuando todo va mal, donde la vida es más dulce. Dicen que hay un lugar donde lo malo no duele y ni tan siquiera perdura. Yo lo conocí bien, estuve allí, no un minuto ni dos, sino toda una vida, ese lugar eran los brazos de mi padre que ya no está.

Anoche soñé contigo, nos abrazamos tan pero tan fuerte que al despertar tenia roto el cuerpo, tenia rota el alma y roto el corazón, fue entonces mientras te abrazaba cuando pude decirte en un susurro, sin pena y al oído, lo que siento:

… TE QUIERO MÁS QUE NUNCA…

( A mi precioso tesoro, la sonrisa de mi padre, que me acompaña desde donde está)