EL HOMBRE QUE VINO DE REGALO

En una bolsa de patatas fritas

 —Muy buenos días. ¿Es aquí dónde regalan hombres al comprar algo?

—Si señora, aquí es. Ha llegado al establecimiento perfecto. ¿Cómo desea usted que sea el hombre concretamente?

—Ah, ¿pero se puede elegir? Pensaba que esto era como los sobres sorpresa de los Playmobil, que nunca sabes qué personaje viene dentro. Ya me entiende, como los huevos Kinder.

—No, no, señora mía… Puede usted elegirlo a su gusto. Los hay desde 89 euros. Aunque el precio varia considerablemente,  según las prestaciones que traiga.

—Supongo que no puedo gastar tanto. Yo quería uno de esos que vienen de regalo ¿Tendría algún modelo en oferta o algo así? No está la economía para muchas alegrías.

—Puedo ofrecerle los “kilómetro 0”. Suelen venir mejorados, pero no hay mucho para elegir. Son modelos que han tenido poco uso, eso sí. Están casi nuevos, y son mucho mejor que los que vienen de regalo con las palomitas de mantequilla o la patatas de jamón, créame.

—Bueno, pues si es así, ¿podría explicarme cada uno de los modelos que tiene? Y ya me lo voy pensando.

— ¡Claro, cómo no! Acompáñeme, si es usted tan amable. Pasaremos a la galería de los “Ufizzientes”. En nuestra exposición podrá ir comprobando sus prestaciones. Aunque es mejor que no los toque, lea solo el cartelito que hay a la derecha de cada uno.

—Hala, pues qué bien montado tienen esto.  ¿Sabe? Estoy deseando saber qué tipo de hombres son los que tiene usted en oferta.

—Señora, si me acepta un consejo, le diré que no se fíe de las ofertas, éstas se deben solo a las tendencias. Lo que gusta hoy, mañana ya no. Verá, tenemos el modelo “Roman Polanski”, este da mucho juego. El modelo “Cantinflas”, más clásico. El “50 sombras de Grey”, para algunas mujeres demasiado moderno. O el modelo “Arguiñano” que siempre queda bien en cualquier reunión. Pero ya le digo, ahora hay poca cosa, la verdad. Normalmente después de las vacaciones de verano hay muchos más. Las mujeres los suelen devolver a finales de verano, alegando diferentes razones.

Ya sabe: “Por lo que una tira, otra suspira”. La cuestión es saber elegir el modelo que mejor se adapte a sus gustos y sus necesidades.

—A ver, no soy muy exigente. Pero, a mí me gustaría que fuese un hombre que me alegre la vida en todos los sentidos, ¿sabe usted? Para qué nos vamos a engañar. Y ya que pago, quiero llevarme una cosa en condiciones. A mí, gustarme, me gusta Arguiñano, aunque no me pone mucho, las cosas como son. No tendría uno así, pero que esté bueno.

—Sí, uno perfecto, además. Se puede llevar otro de Masterchef, el jovencito. Creo que este verano está en oferta. Y viene con tres solomillos de Angus de regalo.

—Jo, ése es guapote, pero un poco sieso ¿no le parece? Prefiero el del norte. Tiene mucha más gracia.

—Ah, ahora recuerdo, tenemos una versión mejorada de Nacho Vidal, al que le podemos incorporar una actualización con las clases de Masterchef online, una aplicación de mindfulness y dos tomos completos de alfarería. Podría representarle en casa, la escena de Ghost, que eso a muchas mujeres les encanta.

—Uf, la verdad que no me gusta nada. ¿No tiene otra cosa?

—Ya le digo, que ahora mismo, no… Si se pasa usted después del verano tendremos muchos más. Nos pasa todos los años. Pero ahora, tendría que elegir entre estos modelos.

—Mire, yo he pensado que pagar por un hombre no me gusta nada, me hace sentir pequeña. Prefiero dejarlo a la suerte. Deme, por favor, una bolsas de patatas fritas y que sea lo que Dios quiera. Me quedaré con el que salga, y si no me gusta, pues se lo traigo en septiembre y listo. Ya sabiendo que admiten devoluciones, me voy más conforme.