Un hombre tuvo un sueño y fue tachado de loco. Y fue rodeado y señalado por una multitud.

Y vinieron de pueblos lejanos a increparle y lanzarle piedras. La gente se sentía insultada, terriblemente agraviada… ¡Un sueño, un sueño!, -exclamaban todos, haciéndole ver lo imperdonable de su comportamiento.

Y un anciano alzó la voz señalándolo y dijo :

—¿Acaso no sabes que hay normas establecidas para los soñadores? Los hombres de bien no deben soñar. No debes andar contando esas cosas por ahí, o te tratarán como lo que eres… Un loco.

Y el hombre agredido extendió sus manos en dirección al pueblo que lo acusaba, y mostrándoles las palmas hacia arriba, les dijo:

—¿Veis mis manos?, son como las vuestras, pero estas manos no lanzan piedras. Mis manos no conocen el odio, ni alimentan el temor. Mis manos aman hasta donde abarcan mis brazos y más allá. Y he de contaros, que en sueños la sombra de mis dedos se extiende tan lejana que puedo alcanzar lo imposible, y hasta conquistar la montaña más alta. Por eso yo os digo…

No tengáis miedo de soñar, porque yo lo hice ayer y hoy me siento mejor.

Hoy soy mucho más feliz de lo que fui hasta ayer.

No temáis a lo desconocido. Abrid vuestra mente como se abre una gran ventana al Sol y aspirad el perfume. Dejad que entre el sonido y que se llenen todos vuestros espacios de color. Cerrad los ojos sin miedo, para poder abrir el corazón.

Durante años los ancianos del lugar os han contado que soñar no es bueno. Que aquel que se ha atrevido a soñar alejándose de la realidad, ha sufrido y ha sido golpeado. Que quién solo sueña, no vive… Que quién anda en sueños se pierde, sin posibilidad de regresar.

Y yo os digo… Que he soñado… Que anoche tuve un sueño… Y que he vuelto para contaros, para deciros, que me siento más vivo.

Y un hombre se abrió paso entre la muchedumbre y extendió sus manos frente al pueblo y dijo en voz alta:

—Yo también he tenido un sueño… Pero hasta hoy no me atreví a contarlo.

Y entonces otro hombre vino a verlo, y le contó que a él le había sucedido lo mismo… Que una noche al acostarse, entró en un profundo sopor y sin miedo se adentró en un sueño, y se impregnó de perfumes y aromas hasta entonces desconocidos.

Y vinieron más hombres en su busca, y se sentaron en círculo, en torno a él.

Y uno a uno fue contando la misma historia… Que una noche al acostarse, sin saber porqué, habían tenido un sueño.

Y mientras iba escuchando la narración de los sueños de cada uno de aquellos hombres, comprendió… Que su sueño era el conjunto de aquellas historias que todos iban contando. Y que al ir reuniendo todas las piezas de aquel engranaje, su eje comenzaba moverse, imparable.

Y comprendió que los sueños compartidos, se hacen inmensos y posibles de lograr… y se reunieron,  escribiendo juntos muchos días y muchas noches…

Y soñaron un libro, y cada uno dejó allí escrito su sueño… Y nunca más sintieron miedo al peligro de sentirse soñadores, y comprendieron que la realidad nos aleja del mundo… y que todo el esfuerzo vale la pena… por recordar…

EL AÑO EN QUE ESCRIBIERON PELIGROSAMENTE, juntos.

Dedicado con cariño a los sueños de mis compañeros de libro

–Bienaventurados los locos…10:03.18

 

 

 

 

 

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.
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