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Con el tiempo, hasta el planeta se acaba con el tiempo. Hasta el Sol…

Esta frase tan lapidaria, era más que una simple frase. Era una gran premonición, un aviso. Y era la muletilla que repetía una y otra vez el muchacho, ante los ojos atónitos y desolados de su pobre novia de pueblo, ajena a los vaticinios científicos del chico inteligente de ciudad.

Ella no entendía de fórmulas aritméticas, ni de astronomía. Ella solo sabía lo que sentía. El ruido que emitía aquel latido que rugía entre su pecho y su espalda cuando él articulaba una sola palabra. O cuando lo miraba al respirar. Aún a sabiendas, que más de un discursito de los que él le metía aprovechando la penosa tarde del domingo, no le favorecían en nada.

Pero él era así, los domingos y fiestas de guardar. Orador de intensas jaculatorias con mensajes aclaratorios sobre el futuro. No podía consentir de ninguna de las maneras que Martina pensara que, el amor es infinito. ¡Qué grave error de cálculo por su parte! Él tenia que dejarle claro que el amor se acaba, y explicarle todo aquello de que se vuelven cadenas lo que fueron cintas blancas. Si Martina hubiese podido darle un caramonazo a Martín en la cabeza, todos los domingos y fiestas de guardar, lo habría hecho sin contemplaciones.

Martín Coscurro, era el típico noviete que vaticina el futuro, así no sepa ni en que día vive, pero el futuro… ¡ahh el futuro!, eso es otra cosa. Eso era algo que a él se le daba muy bien. De hecho no era alguien que viviese anclado en el pasado, no. Él siempre andaba pensando en el día de mañana, aunque se apoyara cada cierto tiempo en sus vivencias pasadas,  tan solo lo hacia para comprender mejor el futuro.
Sus raíces le daban las alas necesarias para entender lo que estaba por llegar, con tal claridad y acierto que no le quedaba la más mínima duda. Esto es algo que las personas como él administran de maravilla.
A menudo le gustaba decirle a ella: “Mañana lloverá, mi condromalacia rotuliana, me dice que mañana lloverá, sí o sí”.

Ella no entendía muy bien si lo hacía por fastidiarla, o porque a él le daba cierta seguridad tener atado el tiempo y las consecuencias de cualquier acto. Era importante para él dejar claro, cuales son las limitaciones como pareja, conocer las etapas del romance. Saber en todo momento que tal hecho conducirá sin remedio a este otro.

Por ejemplo, la tarde en que aquella muchacha enardecida y extasiada con tan solo acariciar la mano de Martín, se atrevió a decirle… ¡Ojala pudiese hacerlo más a menudo!

Aquellas palabras se transformaron en un pelotón de fusilamiento. El chico arqueó las cejas y pegó la espalda al asiento, poniendo cierta distancia entre ambos.

Ella lo miró perpleja, y arqueó también sus cejas como si aquel acto liviano le procurara un entendimiento extra.

—¿Que te pasa Martín? te has puesto rígido.

—Bueno, ya sabes como son estas cosas. Verte hoy está bien, pero si mañana te viera de nuevo, y la semana que viene otra vez, acabaríamos cansándonos. ¿No entiendes que se acabaría la magia del comienzo? dejaríamos de ser una novedad, y nada podría sorprendernos del otro.

Cada palabra que emitía aquella boca que Martina adoraba, se convertía en una daga voladora que le llegaba directa hasta hundirse en su pecho. Más penoso que el domingo en sí, más triste que una despedida en sí, era oír semejante “nota aclaratoria”.

Ni siquiera le había pedido una declaración de amor. Tan solo le gustaba recrearse en sus pensamientos, en el tacto de su piel mientras lo miraba a los ojos. A ella le parecía que vivir todos esos momentos con él, ya era un regalo. Era la propia magia, que les nacía entre los dedos cuando los entrelazaban. Se sentía privilegiada, agraciada con algo único que la vida le había puesto delante. Era la primera vez que le tocaba algo tan valioso en todos estos años de pesares. Nunca lo vio del modo en que él le explicaba.

No era persona de quedarse en la superficie. Le gustaba bucear en los adentros de las personas a las que amaba, pensaba que solo así se puede querer a alguien. No era portadora de un talonario de citas que extender. No se trataba de consumir nada, se trataba de construir, de fortalecer… No era un capricho pasajero. Amar solo se hace de un modo, sin importar el parentesco que te una a la persona amada. Lo demás es otra cosa… menos amor. No se ama por novedad, se hace por afinidad, por una necesidad que crece y te completa. Lo demás es otra cosa.

Por eso a Martina no le gustaban alguna de las ideas de Martín, ni estaba dispuesta a creerlas. Ella esperaba que la vida la sorprendiera, en cada amanecer. Su mente funcionaba de otro modo, por mucho que él tuviera la verdad absoluta.
Martina era más cierta y sincera que la vida misma. Poseía otro tipo de verdad. Ella no era una hipótesis, ni una fórmula molecular, ni matemática. Era la suya una fórmula desarrollada, aplastante, con todos sus átomos maquinando en dirección a él. Ella más bien creía en un futuro inmediato, o incluso en un condicionado futurible… “Si me vuelves a mirar así, después de comerte el pulpo, yo tendré que comerte a ti”.

Martina acariciaba sus ideas básicas, sencillas y ciertas… “Si mañana llueve lo sabré cuando me moje. Si mañana ya no me quieres, también lo sabré. Y lloraré o no, o moriré o no. Pero ahora no quiero saber de futuros. El futuro es un lugar donde nunca estarás. Es un estado mental, nunca físico. No es algo que se pueda palpar al extender la mano. No puedo abrazar la flor que florecerá mañana, ni sentir en mi cara el viento que soplará con la posible tormenta, si no sopla hoy.

Lo que suceda mañana, nunca sucederá.

En cambio, hoy, todo es verdad. Hoy puedo tomar tu cara entre mis manos y besarte, puedo tocar la flor que se abre con el sol, y sentir hasta el viento que precede a la tormenta… Hoy todo sucederá, hoy todo puede ser, y lo de mañana… bueno, eso sencillamente, ya se sabrá.

Nunca apagará el tiempo mi voz, quizás tan solo viaje desde más lejos. Pero eso… eso ya se verá.

https://www.youtube.com/watch?v=lGEidwEliyY
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Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.
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