Por aquel entonces yo arrimaba los ladrillos de dos en dos. Tenía una idea equivocada sobre las relaciones humanas. Esa errónea necesidad de fortalecer un castillo cuando es de arena. De apuntalar los muros que se desmoronaban con el menor golpe de viento. ¡Pero que insensatez!

 ¿Acaso taponarías una herida inciso cortante, perpetrada por una afilada hoja de hacha, con una tirita de Pocoyo? Pues NO.

Si el castillo se hunde, déjalo caer.

No se pueden hacer juegos malabares con bolos de mantequilla, se deshacen en las manos al intentar sostenerlos. Así como no se apuntalan fachadas con traviesas de gelatina. Ni se echan a la mar los penosos e inconsistentes barquitos de papel.

Prueba. Haz la prueba si así te quedas más conforme. Pero ya te digo yo, que ir “pa ná”, es tontería.

 No se contiene el viento en los bolsillos. Ni se puede cazar al vuelo con las manos. Cuando una tempestad se acerca y dice de soplar, nada puede impedir su avance.

Durante años he ido arrimando ladrillos, aquí y allá, intentando edificar con vastos cimientos, fortificando castillos de arena y grava. Pero lo cierto es que al final he acabado hipnotizado con el vaivén de la puta hormigonera. ¡A tomar por culo! ahora me siento una bola de demolición.

 No veo paredes que construir, tan solo muros que derribar.

Hay que ver lo que cansa la eterna búsqueda de la felicidad. Con lo a gusto que está uno siendo un amargado. Es como bañarte en pocilguitas de barro caliente, y vivir despeinado.

¡Pero que cansancio tener que estar siempre perfecto! Con buen aspecto. Y feliz, y sonriendo a la vida, a pesar de que esta sea retorcida y endemoniada. ¡Joder!

Y encima pretenden que estés enamorado. Y que lo celebres. ¿ Pero que hay que celebrar? Las enfermedades se sufren en silencio, y ante la imposibilidad de curación, lo mejor es extirpar, siempre. Que luego se hace crónico y te acabas muriendo igual, pero con menos dignidad.

Mi aportación a San Valentín de todos los santos.

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.
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