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El caso del selfie posado-robado”

La observación es un arte que requiere de la paciencia y disciplina de un viejo Samurai. Condiciones todas ellas, que reúno en mi persona de manera innata. Tengo cierto talento para el sutil e imperceptible espionaje, para apontocarme tras el ojo de una cerradura y observar sin prisa, esperando ver pasar la noticia. Descubrir, explorar… esa es mi singular afición, un templo para mí de  sagrado conocimiento. Una afición a la que he denominado “La Pagoda del Visionario”. Un minarete privado, solo para uso y disfrute de mis ojos. Una ventana donde asomarme y ver el mundo desde mi discreta e inquieta mirada. Hace algunos años ya que abrí  mi propia agencia de detectives, Martty&Co.

Con la ventaja que me otorga mi discreción, me dispongo a observar con curiosidad todo cuánto ocurre a mi alrededor. Así es como conocí a Marco.

Marco apareció una mañana en el portal de mi casa. Presentaba distintas magulladuras por todo el cuerpo. Con la cara maltrecha y las muñecas ensangrentadas. Su barba y su pelo también estaban descuidados,  todo alborotado. Pensé que se trataba de un vagabundo, sin embargo, al pasar por su lado, me llamó por mi nombre.

¿Es usted Marta Reding?

Sí, soy yo. ¿Nos conocemos? ¡Por dios! ¿pero qué le ha pasado? ¿Está bien? ¿Necesita un médico? intenté asistirlo. Su aspecto, su miedo, todo resultaba inquietante en él.

No, ayúdeme a levantarme, se lo ruego. Estaba esperándola. Me han hablado de su trabajo. Dicen que es la mejor agencia de detectives de la ciudad. Por favor, ayúdeme, mi vida depende de usted.

Ayudé a Marco a levantarse, y volvimos a subir a mi despacho. Le preparé un café caliente, y le pasé unas toallas para que se aseara un poco. Estaba sucio y desaliñado. No era la primera vez que venía alguien en semejante estado. Eso no me asustaba, pero me incomodaba el hecho de ver a una persona en tan pésimas condiciones.

Gracias, de verdad. Le agradezco que me atienda así, sin cita. Sé que su despacho es uno de los mejores y no se consigue cita fácilmente. Pero estoy desesperado. Tiene que ayudarme, se lo ruego.

Bueno, puede dar gracias a que hoy pensaba tomarme la mañana libre. Pero, en fin. Adelante, cuénteme. ¿Qué le sucede, o qué le ha ocurrido? tiene una pinta espantosa.

No me resulta fácil contarle esto, es más bien humillante, pero creo que usted es la única que puede ayudarme.

Verá, hace unos nueve meses conocí a una mujer por Internet, Angelina. Fue en una de esas paginas de citas y amistad, ya sabe. Al principio ella se revelaba como una mujer fuerte, bastante independiente. Amable y sonriente. Incluso diría que se mostraba especialmente comprensiva. Ya sabe, ese tipo de mujeres que parecen dispuestas a escucharte o salvarte del incendio de tu propia vida, pero yo no soy alguien constante en las relaciones. Me apasiono tres días y al cuarto me olvido hasta de darle los buenos días. Yo solo buscaba un poco de diversión, algunas bromas picantes y tener un par de encuentros, si acaso.

Pero la chica se ve que esperaba otra cosa de mí, y al no sentirse atendida, fue cambiando de actitud. Se conectaba a deshoras y me dejaba mensajes preocupantes. Pensé que estaba dolida por mi inconstancia en la relación y que quería marearme un poco. En cuestión de una semana cambió de forma preocupante. Sus llamadas y mensajes eran continuos. Me decía que pensaba venir a verme, y que más valía que estuviese preparado y animoso, o lo lamentaría. No pensaba dejarme escapar. Yo lo tomé un poco a broma. Nuestra relación hasta el momento había sido más bien superficial. Unas cuantas docenas de “me gusta” en la red, y poco más.

Se trasladó a la ciudad para seguirme. Dejó atrás su casa y su trabajo en Asturias. Me acosaba continuamente con llamadas, con su vocecita pequeña y dulzona, y con sus proposiciones deshonestas disfrazadas de ingenuos cafés.

Durante meses estuve preparando una exposición de pintura para una amiga muy especial, Julia. Angelina intentó venir, pero le comenté que yo tenía planes. En realidad tenía pensado pasar todo el día con la expositora, incluido almuerzo y sobremesa en un hotel cercano, donde habíamos reservado una habitación.

Recuerdo estar retozando con Julia en la cama y oír los avisos del móvil. No dejaba de sonarme todo el tiempo, las burbujas de messenger saltaban cada minuto. Julia se mosqueó, me preguntó por aquella señora, y si es que yo tenia otra relación, pero fue inútil. Mientras yo insistía en que no, los mensajes parecían multiplicarse… Mi chica hastiada, se levantó de la cama y se marchó tras ducharse, casi sin hablarme.

Angelina estaba cruzando los limites de mi paciencia.

Estaba decidido a terminar con todo eso. Así que le envíe un mensaje para vernos y acabar con esta tontería.

Angelina me propuso encontrarnos en un motel a las afueras de la ciudad. Me dijo que era el tipo de motel que usan los amantes clandestinos. Definitivamente, Angelina había perdido la cabeza, aunque en el fondo me daba cierta pena, siempre me ocurre en situaciones así. Con mujeres así.

Cuando llegué al hotel, la puerta estaba entreabierta y en seguida oí su voz.

—Hola Marco, ¿qué paja? ¿No vag a pasac?

—Angelina, ya has llegado. ¿Qué te pasa en la boca? ¿por qué hablas así?

—Así, ¿cómo? Ah, eg que me he jacado dos dientes, hage un dato. Es la anejetesia,

—Angelina, déjate de tonterías ¿Por qué me estás siguiendo? ¿Por qué tantas llamadas?

—¡Qué guapo erej! Mira, prueba este spray. Verás que hien lo gamos a pajar.

Y de golpe, antes de darme tiempo a reaccionar, roció mi cara con algún tipo de droga. Sentí casi de inmediato que perdía el control de mi cuerpo. Noté la pesadez en mis piernas y como ella me llevaba de la mano hasta la cama. No sé que sustancia sería, el caso es que no perdí el conocimiento del todo, solo la capacidad de reacción y la movilidad.

Me desnudó, y me dejó tumbado en la cama, con los brazos abiertos, y las piernas rectas.

Ella también se desnudó y se tumbó a mi lado. Abrió el bolso y sacó un palo, por un momento pensé que iba a darme una paliza, pero en realidad solo quería hacerse unos selfies. Ella era la reina del selfie.

Se puso de todas las posturas posibles, algunas prefiero no recordarlas y mucho menos contarlas. Se sentó sobre mí. No podía gritar. Aquella droga me había dejado por completo fuera de juego. Pude mantener los ojos abiertos y mirarla horrorizado. No sentía las piernas, no sentía nada en realidad, pero lo que tenía claro es que estaba siendo mancillado.

Miré al baño, me pareció ver una sombra, y busqué con la mirada a alguien que pudiese socorrerme, y entonces ella, pensó que había alguien más en la habitación. Se bajó rápidamente de su potrillo y dirigió sus pasos en dos zancadas hasta el baño. Sus ojos desencajados, la mirada de loca y el flemón de su cara, le daban más dramatismo al momento, si cabe.

¿Quién anda ahí? ¡Eres tú, eh! Inspeccionó el baño, pero no encontró a nadie.

Regresó a la cama, y se tumbó sobre mí. Mientras yo intentaba soltarme de mis ataduras.

No uedes soltarte. Hice un cursillo de nudos marineros y creéme que soy una ejperta. Egta noche sehás mío y nadie va a salvagte. Nos hagemos unos selfies para que lo vean nuestros amigos en el Instagram.

Pero ¿qué amigos? ¿qué amigos tenemos tú y yo, Angelina? Si hemos salido dos veces y solo hemos tomado café.

Bueno, pero cuando suba todag nuegtras fotos juntos, tendremos muchos “like” y después nos pedirán amistad, y verag, cúantos amigos nuevos vamoj a teneg.

Angelina, tú no eras antes así… ¿Por qué me haces esto? Solo he sido educado contigo. Creo que has confundido el tipo de relación que nos une.

Me vale así. Yo con que gean educados me basta para enamorarme.

¿Enamorarte? Angelina, ¡por Dios! ¡Céntrate! Creo que la anestesia de la muela te ha hecho efecto…

¿Efecto? Te diré algo. Tú y todos log que sois como tú, tenéis la culpa de todo. La joledad es mala… y tengo necesidades, ¿sabes? parece que ja se me va pajando el efecto de la anestesia, creo que ya puego hablar bien. Los perros no mienten. Los tipejos como tú, sí.

Me hizo un reportaje fotográfico completo, de todas las posturas posibles. Por eso necesito su ayuda. Ha subido todas las imágenes a una especie de nube, y las ha dejado programadas. Si en el plazo de dos días no accedo de buen grado a tener un encuentro sexual con ella, enviará las fotos a mí mujer, a mi novia, a Julia y al intranet de mi empresa.

¿Cómo dice? ¿A su mujer, a su qué y a su qué? Pero usted, perdóneme, ¡¡usted es un sinvergüenza!! ¿A quién se le ocurre engatusar a las mujeres de ese modo? Mire, sabe qué, cuando lo vi ahí sentado y magullado me dio cierta pena, pensé en ayudarle. Salvarle de eso tan horrible que parecía haberle ocurrido, pero ¿sabe qué? Que a quién voy a ayudar es a esa pobre chica… No sé preocupe, como buena detective daré con ella, no creo que haya muchas Angelinas en esta ciudad.

La localizaré y yo misma la ayudaré en sus planes… Ahora váyase de mi despacho, tengo casos más importantes que resolver que las desventuras de un galán trasnochado.

Y qué sea la última vez que hace esto o yo misma me encargaré de hacerlo famoso. ¡¡Qué tenga un buen día!!

 

 

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Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.
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