Es un título que pincha, lo sé. Supongo que nuestro cerebro no está capacitado para oír la palabra madre seguida de un adjetivo lacerante.

Pero la vida en ocasiones se viste con trajes del todo inapropiados. Existen personas que disfrutan calzándote sus pequeños aguijoncitos o sus enormes banderillas. Y están dispuestas a clavártelas en la espalda o en tus zapatos, porque ellas son así. Tan solo debes sentarte a esperar y lo verás pasar. Debes saber que si una de estas criaturas se cruza en tu vida, acabarás sintiendo sus zarpazos.

En ocasiones, estas agresiones vienen desde dentro de nuestro hogar. Me parece impensable que el templo sagrado que para cualquiera es su casa, se pueda convertir en un lugar donde todo hiere o mata.

Lamentablemente estamos acostumbrados a oír noticias sobre el maltrato a la mujer a diario. Vaya por delante que es una realidad totalmente  condenable. Nada justifica tal vileza.

Pero también hay otra realidad, que deberíamos repudiar, que parece no tener tanto tirón en las noticias, no es tan popular, y aunque ocurre a diario… la justicia, los medios de comunicación y la misma sociedad, hacen oídos sordos a su existencia.

La realidad está ahí, en los miles de juzgados, lentos, lentísimos. Montones de papeles que no son nada más que números de expedientes para aquellos que los manejan.

Ahí están descritas las torturas cotidianas a las que se ven sometidos muchísimos padres separados. El SAP o síndrome de alineación parental, así definió Richard Gardner, al hecho de que los hijos sean manipulados por parte de la madre para ponerlos en contra del padre.

En los casos de separación, el hombre casi siempre tiene las de perder. Esto es una realidad, que no deja de existir aunque no se hable de ella. Es un hecho que se da en un tanto por ciento tan elevado, que asusta.

¿ Y por qué asusta?

A mí personalmente me asusta.  Siempre he creído en la justicia, y me gusta pensar que hay alguien que va a cuidar mis derechos y que me va a defender de las injusticias. Y no espero que sea Superman ni Batman, porque se supone que tenemos una sociedad real donde hay una serie de mecanismos pensados para protegernos del mal.

Pero a veces todo es puro teatro. Y no sirve de nada ser una persona decente de cara a la justicia. Nada te garantiza que cuando vayas a un juicio te vayan a tratar como tal.

Si una mujer decide joderte tras un divorcio… No respires… Hazte el muerto.

Sí, ya sé que más de una señora dirá, ¡Y un hombre! Pues claro. Los sinvergüenzas no entienden de género. Pero ahora estoy hablando del caso claro de los miles de hombres humillados y vapuleados por esposas sin escrúpulos, que decidieron un día usar la justicia para vengarse de sus ruinosas miserias de pareja. Y nosotras las mujeres, deberíamos saber verlo sin cegueras absurdas. El mal nunca debe jalearse proceda de donde proceda.

Cuántos casos conocemos todos en los que por arte de birli birloke la mamá se queda cómo la Barbie, con la casa de Kent, el coche de Kent, la paga de Kent, los hijos de Kent, y si pudiera se quedaría con los testículos de Kent para hacerle vudú en las noches de aburrimiento.

La igualdad es para todos, hombres y mujeres. Y voy a rescatar la definición de igualdad, porque parece que se olvida con demasiada frecuencia:

Principio que reconoce la equiparación de todos los ciudadanos en derechos y obligaciones.

¿De verdad queremos igualdad? ¿O se trata de una igualdad selectiva? Pues en ocasiones, esa “igualdad” algunas mujeres quieren convertirla en superioridad y se sienten con un derecho que debe prevalecer sobre el del hombre.

Antonio quiere a sus hijos, los cuidó desde pequeños con todo el amor del mundo, les dedicó todo su tiempo y cariño.

A diario ha cuidado de ellos, en soledad. Como si fuera un viudo con la difunta viva.

Antes de ir a trabajar los ha llevado al colegio y a todas y cada una de las actividades habituales. Ha hecho la compra y ha cocinado para ellos, para la familia al completo. Ha limpiado y ordenado la casa. Los acuesta para volver a repetir cada una de las tareas al día siguiente. Esta rutina se ha repetido durante años.

¿Pero dónde estaba ella? la madre, esposa, ¿donde pasaba ella todo el día? Bueno, ella sencillamente le gustaba acostarse tarde y levantarse más tarde aún. Por supuesto nunca hacía la compra, ni la comida, ni tan siquiera compraba el pan. Ella disfrutaba cada día viendo los anuncios de teletienda, o llamando a la línea Tarot, el resto a su alrededor le era indiferente.

Si los niños habían comido, si se habían cepillado los dientes, si se habían bañado, si la casa mantenía una mínimas condiciones higiénicas, eso no era de su incumbencia… Porque ella no iba a ser esclava de nadie. Todos los detalles de su hogar le eran ajenos, lo único que motivaba su existencia era llevar muy a rajatabla las cuentas de casa. Saber de cuanto dinero se disponía.

Que Antonio tuviese tiempo de lavar o comprar, o fuese hecho un cromo al trabajo o que los niños salieran sucios y pegajosos para el cole, eso no le importaba. Tan solo quería todo su tiempo para dormir o tumbarse en el sofá, y fumar, cajas y cajas de cigarrillos.

Nunca compartió con sus hijos una tarde de cine. Ni una excursión al campo. En realidad, nunca ha compartido nada con ellos excepto el techo y el sueldo que los mantiene.

Una vida así era insostenible para cualquiera y un día llegó lo inevitable. Por la salud mental de sus hijos y de él mismo, Antonio decide separarse, y aquí es donde empieza “Cristo” a padecer.

Ella de cara a la justicia, se transforma en una madre abnegada, cariñosa. Pisoteada y hundida por su marido, cabrón donde los haya que durante años la humilló y maltrató psicológicamente.

Antonio se siente impotente, la justicia no lo respalda en absoluto, al contrario se ensaña con él, en sacarle una pensión lo más alta posible, porque claro ella textualmente dice:

” Para qué voy a trabajar si nadie me va a pagar más que tú”

La “INJUSTICIA” otorga la custodia a ella por madre sufridora y amorosa, porque se supone que así son las madres. Y esta a su vez, emplea todas sus armas para poner a los hijos en contra del padre:

“ Hijos si no podemos tener esto, que sepáis que es por vuestro padre que no os quiere dar dinero”.

”Hijos si me veis triste es por culpa de vuestro padre que nos abandonó”

La Justicia No Es ciega, es SORDA.

¿Cómo puede enfrentar Antonio una nueva vida si todo su sueldo, su casa, su coche, se lo queda ella? ¿Dónde va a vivir él? ¿por qué no trabaja ella? es una persona sana a la que la justicia ha dado la custodia de sus hijos.

Y lo más importante, ¿Cómo puede ese padre restituir su honor y su honra frente a unos hijos que han sido programados sutilmente en su contra por una madre devastadora, envenenada por su propia ira?

A quién corresponda, por favor, tomen medidas. Para ustedes los miles de Antonios que existen serán números de expedientes tediosos, parcelitas de tiempo en su trabajo, pero sepan y caiga sobre su conciencia, que son muchos los padres e hijos maltratados por esposas y madres. Esto ocurre cada día en cientos de hogares.

Espero que nadie esté de acuerdo con el maltrato familiar, venga de mano de quién venga. Cada caso debería ser estudiado con independencia de otros. No se debe dar por sentado que una madre siempre se comporta como una buena madre. Los padres aman a sus hijos del mismo modo que lo hacen las madres. Ningún progenitor puede negar el contacto del otro con sus hijos. Los hijos no son propiedad de nadie, ni moneda de intercambio, ni armas arrojadizas.