Quién me lo iba a decir esta mañana cuando salí de casa, quién me lo iba a decir.

Las cosas como son, a nadie le gusta encontrarse con estos pasteles, pero si te lo encuentras ¿qué haces? Yo lo tengo claro. No me achico, al contrario, me vengo arriba. No queda otra. Pues eso me ha pasado, que me he venido arriba con un desfibrilador en la mano.

Me encontraba atravesando la estación del AVE y justo en ese momento, al Sr. Paneque, el de la relojería, le ha dado un perreque. Ha sido delante del puesto de flores, el que está al lado de la tienda de lencería de Victoria Secret.

Paneque se hacía el disimulado, andaba despistadillo, como si quisiera comprar hortensias, pero en realidad estaba pegado al monitor donde emitían el último desfile de los angelitos secretos. Su desfallecimiento ha coincidido, según los testigos del incidente, con la aparición en escena de Miranda Kerr, ha sido verla y cataplof.

Enseguida la gente se ha arremolinado en torno al cuerpo del hombre, robándole si cabe, un poco más de oxígeno a la víctima. No es culpa de ellos, sino de sus “cortas luces”. Si no puedes o no estás capacitado para ayudar, por lo menos no estorbes. No chismorrees, y por supuesto no hagas fotos. Es un momento tan íntimo que debe ser preservado con la discreción más absoluta.

En la caída, Paneque ha perdido un zapato, con tan mala fortuna para su imagen, que todos hemos sido testigos del tomate que tenía en el calcetín. A mí esto no me pasa. Mi madre desde pequeños nos advirtió que es algo que nos podía suceder un día, y oye, que feo está eso de ir al médico con el dedo gordo asomando su cabeza por el calcetín.

Mientras la multitud se debatía entre subirle las piernas, bajarle la cabeza o echarle agua, yo he tenido una visión tipo Matrix. El recinto ha girado a mi alrededor hasta que mi vista se ha detenido en un punto. En una columna roja que parecía llamarme a gritos. DEA (Desfibrilador externo automático). En este caso podría haberse llamado NIDEA, pero bueno, tranquilidad, no cunda el pánico. Ya dije que no me achico.

La he mirado, me ha mirado y ambas hemos comprendido que teníamos una misión a realizar.

¡Usar el desfibrilador!

¡Que guay! cuántas veces he visto en las pelis hacerlo. ¡Cómo mola!, agarras las palas, las frotas ¡pinn!¡plon! ¡zas! se la enchufas al pecho de la víctima y ésta pega un salto, reviviendo desde el más allá.

Es muy sencillo en realidad, y yo que me he tragado todos los capítulos de House, Anatomía de Grey y Urgencias, tenía muy claro lo que había que hacer. Pero la gente se pone nerviosa y chilla.

¡Este hombre se muere, que alguien haga algo!, – ha gritado despavorida una señora muy repeinada apoyada en su maleta de Vuitton.

Sin pensarlo dos veces, he tirado de la palanca y he sacado el kit completo de salvamento. Al abrir el maletín se han caído varias cosillas, digo yo que sin importancia. Me ha parecido más bien una bolsita de cortesía, de aseo, como esas que te dan en los vuelos transoceánicos.

¡Qué detalle! Viene hasta con una cuchilla de afeitar. He pensado que podría ser para que el paciente tenga un aspecto más digno en caso de muerte. También han aparecido unos parches con cables, estaban junto a las instrucciones de uso. Pero maldición, mis gafas de lectura se han quedado en el fondo de la mochila, así que he pedido ayuda para que alguien me leyera las instrucciones, y al momento un chico ha comenzado a leer con voz alta y clara:

Proceda a afeitar al paciente. Sostenga uno de los parches y péguelo intra clavicular derecho y el otro en línea medio axilar izquierda. Proceda a encender el monitor. Observe el ritmo y en dependencia de ello, actúe.

Pues estamos bien. La gente me mira esperando que yo sepa lo que tengo que hacer, y lo que es peor, creen que me he enterado. Y yo en un intento desesperado, vuelvo a repetir en mi mente las instrucciones que me acaban de dar, pero no atino a comprender. Me dan ganas de encasquetarle a alguien el kit y decir como Epi: ¡Tú la llevas!

Yo por si acaso, le he dado dos pasadas con la maquinilla de afeitar, la pena es que, le he arrancado sin querer medio bigote. Espero qué si vive, no le importe demasiado.

He tomado entre los dedos un parche y luego el otro, les he pasado la lengua como a los sellos y he procedido a pegar los parches en las dos tetillas. Si axilar o clavicular que venga Dios y lo vea. Teta derecha, teta izquierda. Ese monitor ha empezado a moverse, un baile de líneas oscilando al tuntún. No sé, pero estoy pensando que este hombre está muy grave.

A ver, que no es por nada, pero ¿ha llamado alguien al 112?, lo tengo controlado, pero más que nada, por si hubiera que trasladarlo y eso. Siga leyendo las instrucciones por favor, a ver si dice algo más.

Vale, dice: Si el paciente tiene taquicardia ventricular, actúe, si está estable ponga medicación, compruebe si tiene dolor toráxico, sincope, está pálido o sudoroso.

¡Jo!, pues la verdad que dolor tiene que tener, el porrazo que se ha dado con la papelera no es cualquier cosa, ¿pero quién le pregunta?, con lo agustito que está como dormidito. Por otro lado, pálido y sudoroso, no lo tengo claro, yo lo veo bien, con medio bigote, pero sanote. Siga leyendo por favor.

En caso de inestabilidad, cardiovertir al paciente, sedar antes, si observa taquicardia ventricular, comience por 120 a 150, seleccione energía.

¡Ostras! esta es la parte que más me gusta. Le doy a la maquina y oigo desprenderse la energía, como un zumbido de mosquito en la oreja. Cargamos y por fin, ¡descarga!

Vigile el ritmo, si no responde proceda con otra descarga, -dice el chico lector de instrucciones improvisado.

Yo huelo a quemado, a pelo chamuscado, pero le voy a dar otro chispazo. A mí no se me muere nadie en las manos. Y tras poner las placas por segunda vez en el pecho de Paneque, se ha venido abajo la luz de la estación. Su cuerpo ha salido despedido directo al tejadito del puesto de flores. Con tan mala fortuna que el techo ha cedido por el impacto, cayendo acto seguido, dentro del taller de la florista. Y mira por donde  lo que estaban confeccionando  era una preciosa corona, con un gran lazo dorado, que decía, “Tu energía siempre nos iluminará”. El muerto resucitado ha muerto en el acto, ¡qué contratiempo!

Este es el misterio de la vida que no deja de asombrarme, cómo ha sabido Paneque buscar su muerte natural, su propia corona y sin embargo ha perdido el zapato.

Trágico y encima yo he perdido el AVE.