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Eran los últimos atardeceres de marzo, pero el calor era tan sofocante que parecía   mediados de agosto.

Dos amigos, Paco Astoria y Sancho Rosales, debatían en una acalorada charla sobre el procedimiento correcto a seguir en la labor que les había sido encomendada…

— Lo mejor va a ser enterrar el cuerpo cerca del cementerio, allí en la montaña corre brisa y hace más fresco, o mejor, vamos a ocultarlo dentro del deposito, sí, eso es, oculto en uno de los frigoríficos estará bien  -expuso Sancho, creyendo haber encontrado la solución.

—Estas loco, siempre estuviste un poco ido, pero chico ahora estas que te sales  -le contestó muy alto y más claro Paco, el jefe a cargo de la misión.

—¿Que pasa? ¿Acaso no es buena idea? -seguía defendiendo sus ideales Sancho, sin mucho acierto.

—Y dime, Sancho, ¿has pensado ya como entrarás al deposito? No, eso no, tú que vas a pensar, tú te limitas a ver el CSI, el de Miami y el de Nueva York y te crees que eso es coser y cantar, pero chaval, nada que ver, en la tele las cosas son muy distintas, la televisión es el vehículo principal para la manipulación de las masas, y por ende, de las mentes sencillas como la tuya.

—No creo que sean tan diferentes, Señor Paco, a fin de cuentas, todos los hechos acaecidos en los capítulos están basadas en hechos reales.

—Mira, joven Sancho, me estas poniendo de los nervios, ¿en serio crees eso? A ver listo, en las artes escénicas, trasladar un cuerpo de un lado a otro se hace muy fácil, el objeto en cuestión, no pesa nada, eso no son más que ligeras almohadas rellenas de las más finas plumas y enfundadas en deliciosos terciopelos, se lo echan al hombro y no pesa nada.

«Otra cosa, ¿tú sabes como huele el trabajito ya? Cualquiera se echa ese cuerpo al hombro con el canturri que tiene con este calor de marzo, claro que la culpa es del cambio climático, la del calor y tu atontolamiento, anda piensa otra cosa.

—Bueno visto de esa forma, a lo mejor tiene usted razón, Señor Paco, ¿y si lo hacemos trozos?

—¡Ah no! ¡Conmigo no cuentes! Una cosa es matar con profesionalidad y otra muy distinta, hacer matanza, yo no he estudiado el difícil arte de la aniquilación para rematar la faena con semejante escabechina.

—Pues ya me dirá usted, el tiempo se acaba y “La Chari” me ha dicho que, o me presenta esta noche a sus padres, o se acabó lo nuestro para siempre -comenta Sancho encogiendo el cuello esperando un cogotazo.

—No hay seriedad, ya no hay profesionales, es lamentable que se pierda el noble oficio del asesino honrado, se está perdiendo esa formalidad, las nuevas generaciones no respetáis las tradiciones, ni la elegancia del acto en sí, niño tu pareces un carnicero de tres al cuarto, vamos a ver, no estás en lo que tienes que estar. ¡Qué Chari ni ostia! ¡Qué te centres, coño!

—Vale, vale Señor Paco, tampoco hay que ponerse así, mis respetos al máximo, yo estoy aquí para aprender de usted, su fama y buen nombre le precede en las escuelas de más alto renombre, y me han dicho que usted hará de mí un hombre de provecho, en sus manos estoy, haga conmigo lo que tenga que hacer.

—Entonces niño, calla, escucha y aprende, respeta por encima de todo y serás respetado.

Regla numero uno – Nuestros cadáveres son nuestros anfitriones e impera la necesidad de que sean tratados con los máximos respetos y honores, se trata de nuestra obra de arte, y como tal, debe ser tratada y puesta a descansar entre algodones. No quieras manipularme esos cuerpos como si fueran desperdicios, son nuestros trofeos, nuestras medallas de honor. La gloria y el reconocimiento del trabajo bien hecho

Y humildad chaval, ante todo humildad y paciencia, nunca te vanaglories de tus triunfos, deja que sean los demás los que te los reconozcan. Yo no he hecho mi buen nombre en tres días.

Anda, vete a casa con la Chari, que ya has aprendido la primera lección, y vente el viernes que tendré un trabajillo fino para ti.

Paco se quedó pensativo, reflexionando en silencio… «Es lamentable la situación actual de nuestra civilización, los jóvenes se están entregando a las nuevas tecnologías con demasiada facilidad, dejando a un lado el maravilloso trabajo de calidad artesano, pero este muchacho, me ha hecho ver la luz al final del túnel… Quizás no todo esté perdido.

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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