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Imaginaba como  sería mostrarse desnuda frente a un hombre, y clavaba sus hechizantes ojos verdes en el espejo, absorta, descubriendo su cuerpo reflejado, tras el paso de sus propios dedos, mientras se soñaba cabalgando sobre el pan caliente del panadero.

Sigue…

En ocasiones, mientras se acariciaba, mordía con rabia algún trozo de pan. Se figuraba que parte del sabor y el olor del muchacho, estarían mezclados con la masa horneada, y que de algún modo, al morderlo, la esencia de Salvador entraría en ella, como el Espíritu Santo al comulgar. Imaginaba a su panadero con el mandil y las manos llenas de harina, agarrando sus muslos y torneándolos a la par… dándole forma humana al fuego divino que abrasaba su piel, amasando sus pechos como dulces “mediasnoches” que cobraban forma entre sus manos.

Soñaba con sentarse en su regazo y hablarle al oído, mientras él rodeaba su cuerpo para despojarla de su ropa, y allí mismo, tumbada sobre la mesa, entregarse extasiada a él, con las piernas encaramadas en la encimera, como mártir consentida que espera ser travesada por la espada de un ángel justiciero o vengador, y pagar, pagar con gusto su pecado.

Pero la realidad es que estaba sola frente al espejo. Ella a solas con sus voluptuosos pensamientos, preparándose para una cita incierta. Ya que Salvador no estaba al tanto del fuego interno que calentaba las entrañas de la dulce y cándida Monny.

Noches atrás, en la comunidad, se había formado un gran revuelo. Al parecer, una nota con una extraña receta había aparecido entre las hojas del suelo en el patio de naranjos, junto al pozo de piedra. Margot, la compañera de cuarto de Penny, fue la afortunada descubridora. Nada más hallarla se inclinó con rapidez y la atrincheró entre sus manos, como un preciado tesoro al que solo ella debería tener acceso. La leyó en silencio y acto seguido corrió a su cuarto, ocultando la nota entre la blusa y el pecho. A simple vista, se trataba de una sencilla receta de cocina, una mezcla de condimentos para un asado quizás. Aunque algo dentro de ella se despertaba rugiendo como fiera dormida. Y se sintió llena de emoción, sin saber muy bien porqué.

El tiempo entre aquellas paredes parecía pasar despacio, mucho más despacio de lo que las impacientes hormonas de las novicias deseaban. Y ocurrió lo que tenía que suceder, que la imaginación de las chicas voló sin remedio, buscando refugio en lugares más cálidos.

20 gotas de aceite esencial de almendras dulces.

2 gotas de alcohol de romero en flor.

10 gotas de agua de rosas + 1 de agua bendita.

5 gotas de perfume de bergamota, una ramita de lavanda, 1gr de cayena molida y media cucharilla de miel de castaño.

Frotar previamente el frasco con guindilla antes de poner a macerar todos los ingredientes.

La joven Margot se deslizó como un ladrón sigiloso hasta las despensas del convento y reunió cada uno de los elementos necesarios, llevándolos hasta su cuarto ocultos en un paño de cocina. Dispuso todos los ingredientes de tal receta sobre la mesilla de noche, y fue rellenando el frasco siguiendo cuidadosamente las instrucciones allí escritas. Los dejó reposar todo el día, mientras afuera se dedicaba a las tareas propias de la comunidad, el estudio y la contemplación. Al caer la noche cuando se retiró a dormir, descalza ya, deshizo el nudo de su ligero hábito y lo dejó caer al suelo y se recostó impaciente, desnuda en la cama, sin dejar de mirar el frasco.

Aquella receta despertaba gran interés en la impulsiva muchacha, que en lugar de pensar en asados, pensaba en perniles. Destapó el frasco con miedo, como si esperara que pudiese brotar de él un genio o un extraño maleficio. Al hacerlo, el perfume de aquellas esencias inundó la estancia, tornando el aire algo plomizo y dulzón. El calor de su cuerpo bajo las mantas de lana le hizo destaparse sofocada, y dejó su figura desnuda a la vista, ofrecida a sus propias manos en misión de reconocimiento.

Volcó unas gotas del elixir sobre su dedo índice, y humedecido, lo pasó por su boca para probarlo. La punta de su lengua se apresuró a recorrer la comisura de sus labios, haciendo que cambiara de expresión varias veces en pocos segundos. Un dulce picor punzante se apoderó de sus sentidos. La mezcla se prometía interesante, se sintió jovial dejando caer algunas gotas también sobre su ombligo. Las gotas siguieron el cauce natural de su cuerpo hasta llegar a la zona sagrada e intocable, esa que una chica como ella, jamás debería tocar con intenciones impuras… Margot apretó los muslos intentando atrapar las gotas que se deslizaban por sus ingles hasta las sábanas. El calor de la guindilla y la suavidad de los aceites esenciales, facilitaron el roce de su dedo índice, que patinaba sin pudor, sobre el pequeño botón impuro, culpable de su arrebato.

La puerta se abrió de golpe, y Monny sorprendió a Margot jugando con su expresivo cuerpo, un torso cálido y pletórico que dibujaba gozosamente bajo sus dedos. Abrió los ojos de par en par y asustada cerró la puerta de nuevo… Se quedó quieta observando a la muchacha, no supo que decir, pero pudo sentir el galope agitado de su corazón. Margot más impulsiva, aunque algo avergonzada, le sonrió, y extendió su brazo ofreciéndole el frasco ya abierto…Y con un susurro que apenas podía entonar con sus temblorosos labios le dijo… ¿Quieres probar? Continuará…

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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