En esta vida se conocieron tarde. Bueno, en realidad quién califica al tiempo para saber lo que es temprano o demasiado tarde. Pero digamos que en el momento de conocerse ya tenían sus vidas resueltas. Aunque no tuviesen una existencia del todo satisfactoria, sí que gozaban de vidas consolidadas. Esa serie de herencias que cargamos de por vida, trabajo, casa, coche, perro, esposa, hijos. Lo que otros suponen, la vida normal, la correcta. La vida que se ha de vivir por el camino derecho.

Pero ellos no eran “derechos”, ni “cuadrados”, ni pretendían parecerlo. Tampoco es que fuesen criaturas extrañas con ocho ojos, eran lo bastante sencillos e imperfectos como para no encajar en ningún lugar. Excepto cuando estaban juntos, en ese momento sí que eran perfectos y encajaban a la perfección el uno dentro del otro. Dos personas sin aristas ni bordes punzantes. No existía agresión ni competencia alguna entre ambos. Criaturas emitiendo en la misma sintonía, con el mismo volumen. Eso les hacía sentirse comprendidos. Poder ser quién eres y disfrutar en compañía de ello, es a lo máximo que podían aspirar.

Su historia no se trataba de una fantasía, ninguno de los dos idolatraba al otro por encima de su realidad. Nada de eso ocurría. Se veían tal cual eran con todos sus desastrosos defectos y carencias. Y aún así se sentían perfectamente perfectos, en su perfecto y desastroso mundo. Y se gustaban así, y se sentían cómodos lejos de las agresiones de las personas derechas que caminan por el camino correcto y ordenado. Ese tipo de personas que nos rodean y que se empeñan siempre en ordenarnos la vida.

Pero nuestros protagonistas no necesitaban las lecciones magistrales de otros, ni los adornos falsos que necesitan y sostienen a las parejas cuando no tienen nada en común. Porque a ellos les bastaba mirarse o rozarse un dedo, para sentirse en casa y a salvo del mundo. Y hasta sentirse invencibles cuando estaba el uno dentro del otro.

En una ocasión me fue revelada la sensación que le producía a ella aquellos encuentros. Imagina la angustia de soñar que te falta una mano y despertar y descubrir que todo ha sido una pesadilla, que  nada te falta y la tienes contigo. Pues bien, cuando él está lejos de mi, siento que me falta no una, sino las dos manos. Cuando estamos juntos, respiro aliviada y no puedo dejar de sonreír al mirarlo. Solo él me sacia y me calma este hambre desmedida que él mismo me provoca y me contagia. Siento que estoy completa, cuando él está dentro de mí.

Eran ese tipo de pareja que hasta el más penoso rincón del mundo sabían llenarlo de risa y hacerlo cálido. Y si les tocaba besarse durante horas de pie, lo disfrutaban, o si les tocaba besarse 30 segundos en un trasbordo de metro… o en los lavabos de algún museo, Porque para quién no lo sepa, ni lo haya experimentado, también existe la perfección en el amor vertical, ese que sueña eternamente en buscar la horizontalidad.

Ellos podrían parecer el caos para otros. Pero tendríais que verlos juntos para comprender, que la perfección solo es posible cuando los caos y las ganas se juntan.

Al contrario de lo que sucede en la supuesta ley de atracción, ellos eran dos caóticos humanos cansados de lidiar con polos opuestos. Y descubrieron que en el maravilloso mundo de lo desastroso, un caos al cuadrado puede ser un círculo perfecto, dónde la energía fluye, circula y se transforma, en algo mucho mejor.

Y el mundo no tuvo más remedio que rendirse ante ellos y ayudarlos, y regalarles muchos más momentos caóticamente perfectos.

Este es el comienzo de una serie de capítulos dedicados a esa o esas parejas que tienen que hacer maniobras orquestales en la oscuridad, para poder besarse durante al menos 10 minutos seguidos, y aún así…

Quieren repetir.

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.
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Comments

  1. Si fueras mas alegre y mas armónica aún… serías música. Si fueses poesía serias tú la musa que la inspira. Si fueras azul, tu serías el cielo de mil techos que no existen…. si fueses camino, la tierra que piso… Porque todo lo que tú tocas con tu pluma, lo dificil resuelves como sencillo, todo lo que es irreal tú lo conviertes y haces posible… Porque tú, Mara Marley, tienes hadas en tu mirada, que secuestran horizontes y presentes entre los espacios , los sueños y las palabras…como si nada.

     

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