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Teruel, 2.30 de la madrugada, en algún lugar indeterminado del bosque, en una cabaña junto a un río, no digo más.

No duermo, es un hecho. Y el caso es que mi insomnio no obedece a razones claras. Será por eso que los ansiolíticos no funcionan conmigo. Aumentaré la dosis. Sí, o quizás debería salir a caminar por más tiempo. Respirar y pensar con claridad. La montaña siempre regala pensamientos frescos, o eso dice la gente rancia. El aire limpio del bosque lo sanea todo, excepto los recuerdos.

Ha pasado un mes desde el primer ataque. Está resultando más dura de lo que pensaba. Tiene los tobillos delicados, pero sus fracturas ya han comenzado a soldar sin el yeso. Me provoca cierta ternura pensar en todos esos huesecitos intentando encontrar el camino correcto a su base. Esos cientos de terminaciones nerviosas intentando reconectarse, sin éxito.  ¡Caramba! estoy impaciente por verla caminar. Con un poco de suerte, su cojera será irreversible.

Respecto a las lesiones oculares, no lo tengo tan claro. Es cierto que, me precipité al pegarle los párpados con pegamento para porcelana, seguramente debería haber experimentado antes con la aguja y el hilo de algodón. El resultado habría sido mucho más estético, sin duda. Pero bueno, ya falta poco. En unos días levantaré su vendaje y podremos comprobar que tal ha resultado mi atrevimiento. Temo que la ceguera sea solo parcial, que hayan quedado algunos claritos que dejen entrar la luz. Pero seguiré intentándolo. Ella lo merece. Merece todo mi esfuerzo para hacerla inútil.

Anoche volvió a despertarme, como todas las noches en realidad. Eso no me ayuda nada a dormir. Nota mental : “Debo usar tapones de silicona”.

No fui a atenderla, ni pensarlo. Yo estaba ocupada y embelesada leyendo el “Tratado de filosofía casera para una generación obtusa», de Enrique Brossa”. No pensé ni por un momento, en dejar mi lectura por sus quejas.

El caso es que, ya se hace pesada, debería cortarle de un vez la lengua y zanjar esos ruiditos que no me dejan dormir, pero la necesito con voz. Quiero oírla gritar de terror. Quiero que ella misma se oiga en voz alta. ¡Que resuene en el viento su lamento! oh, estos pensamientos me están resultando incluso poéticos. ¡A ver si al final voy a terminar empatizando con ella!

He examinado de nuevo sus mensajes de móvil, me gustaría averiguar cual es su comida favorita, para atenderla bien el tiempo que dure este encierro, pero no he tenido suerte, solo hallo conversaciones puramente sexuales. No sabía que mi marido fuese tan pasional. A mí nunca me hizo ese tipo de guarradas, ni siquiera me las sugirió, pero claro, es como todos, solo piensa en hacer cochinadas con la mujer de otro.

Bueno, una vez siendo novios, sí que me propuso hacer un trío, pero yo me negué, ¡por supuesto! ¿Qué clase de novio te pediría algo así? Está claro, el tipo de futuro marido que solo piensa en ponerte los cuernos, en cuanto pueda.

Pero, y ella… ¿De dónde había salido ella?

Ah, sí, lo olvidé. Ella es una de esas mamás del cole. Una de esas que no tienen otra cosa que hacer, más que leer folletines eróticos para petardas insatisfechas y buscar entre los papás de otros nenes a su galán trasnochado.

Suelen ser mujeres que no salen de noche. Vampiresas de día, que atacan a sus victimas entre Croissanes y Capuccinos. ¡Qué simpáticos son todos al calor del café matinal! Y si encima tienen perro, el tiempo de conquista se acorta considerablemente.

Pero esta perra, no tiene dueño, ni perrito que le ladre. Aunque podría decir que ha cogido una perrera que vaya… No deja de lloriquear. ¡Absurda!

Entre sus cosas encontré dos billetes de avión para Pukhet. Ya ves, mi Manuel. Mi Manuel, que nunca me ha llevado a mí de veraneo, pues parece que ya tenía previstas sus vacaciones con la perra, y ahora llego yo y ¡zasca! les he cortao el rollo. Bueno, pues que se jodan, que mis veranos de toda la vida, han sido de piscina y tortilla de patatas.

Lo bueno es que ahora que ella ha desaparecido, mí Manu me ha pedido que vuelva. Es que… hay que ver lo bien que me quedó la nota de despedida, la que le hice escribir, antes de partirle los tobillos. A veces estoy tan orgullosa de mis ocurrencias…  Ahora él cree que ella lo ha abandonado. Está herido, su orgullo y su corazón, pero se recuperará pronto, lo sé.

Este verano pasará, entre tanto me haré la dura, y en septiembre regresaré a casa con él. Total, si son todos iguales, para qué voy a buscar a otro.

Y mira, tampoco lo estoy pasando tan mal, estamos aquí su amante y yo en esta cabaña veraniega. Y tengo tantas ganas de jugar con ella a “Hostel” que se me va a pasar el tiempo en un “pis pas”. Espero que me aguante viva y no se muera a mitad de agosto, eso me cortaría un poquito el rollo.

¡Ay! Hoy me siento realmente bien, con un poco de sueño, sí, pero creo que daré un relajante paseo en bicicleta por el bosque. Porque las bicicletas son para el verano, y este verano, yo no pienso mandarlo de nuevo a la porra.

*Relato ganador en concurso  “Cuentos a la porra”