¿Qué hacías aquí si no trabajabas el Domingo?

¿Cómo? —se sorprendió por la pregunta Milagros.

¿Por qué te llaman el Ángel de la Guarda?

¡Y yo que sé! ¿A qué viene tantas preguntas?

¿Por qué todas las muertes suceden en una habitación de las tuyas?

Pero…No entiendo.

¿Por qué siempre eres la primera en llegar?

Milagros comenzó a sollozar. Había llegado a trabajar contenta por poder volver a ver sus pacientes , aunque en realidad las trataba como amigas. No esperaba esa encerrona por parte del director.

¿Por qué tanta familiaridad con los internos?

¡Pare ya!, por favor, se lo ruego. ¿Qué es lo que quiere?

¿Te das cuenta que estas y muchas más preguntas como estas son las que te va a hacer la policía?

¿La policía? ¿Por qué?

Todos los indicios apuntan en tu dirección. Ya vienen de camino y quieren hablar con todo el personal, pero han dejado muy claro que comenzarán por ti. ¿Eres capaz de contestar a alguna de estas preguntas con coherencia?

Pues claro. Vine ayer porque me lo pidió Rosario.

¿La difunta?

Sí. No encontraba una medicación especial que se traía ella de casa. Vine para buscarla porque creía saber donde estaba.

¿Entonces fuiste tú quien saqueó la habitación?

Por supuesto que no. Cuando yo entré estaba todo en orden.

Encontraste lo que buscabas.

No.

¿Y por qué no dijiste nada a tus compañeras?

Tenía prisa. Me esperaban abajo con el coche mal aparcado.

—Te das cuenta de lo poco consistente que es todo. Fíjate: te ven entrar en la habitación 113 sin haber avisado a nadie de tu presencia el día en que estás de fiesta. Dices no haber encontrado las pastillas que buscabas y que la habitación estaba en perfecto orden. Desapareces sin decir tampoco nada y poco después la habitación aparece revuelta de arriba abajo. Esta mañana Rosario amanece muerta y su compañera de habitación te encuentra observando todo la escena con pasmosa tranquilidad. «Como si supiera lo que iba ocurrir» en palabras de la propia Elena. Es la tercera muerte en una semana en la misma habitación y durante tu turno. Siempre eres la primera en aparecer en la escena y además ya sabemos de qué murieron las dos anteriores.

Al escucharlo en boca de otra persona se dio cuenta de la gravedad del asunto y que era inevitable que ella fuera la principal sospechosa. Se quedó sin palabras. Ni ella misma podía refutar tantas evidencias. Se asustó al ver lo difícil que le resultaría salir de aquel embrollo. En ese momento pasaron por su cabeza las tres difuntas. A las tres las quería , como a todas sus pacientes. Las trataba de forma exquisita , pero además hacía todo lo estaba en sus manos para evitarles un sufrimiento innecesario. Quizá por eso se había ganado la fama y el sobrenombre de “El ángel de la guarda”. Pero nunca pensó que ese título, del que se sentía orgullosa, pudiera conducirle precisamente a que la acusaran de los contrario que perseguía. Nunca lloraba cuando una de sus amigas se reunía con Dios, sino todo lo contrario. Creía profundamente que era un descanso merecido. Había dejado de derramar lágrimas después de sus experiencia africana, donde no tenía tiempo de secarse las lágrimas de un muerto que ya tenía que hacerlo por otro.

¿De qué murieron las dos primeras ancianas?

Envenenadas.

¿Pero cómo?

Un clásico, como salido de una película. Las han envenenado con cianuro.

No me lo puedo creer.

Más te vale que no encuentren nada en tu casa o cualquier indicio de que hayas estado en contacto con esa sustancia.

Imposible. Yo no he sido.

Miran hasta las búsquedas que haces por internet…

Deberían hablar con Javier.

¿Quién es? No lo conozco.

Pues debería , es el empleado más antiguo.

¿Enfermero?

Es el de mantenimiento.

Y qué tiene que ver él con todo esto.

Pregunte a Elena. Dice que lo ha visto merodear por su habitación muchas noches.

¿Te parece bonito echar las culpas a un compañero?

Sólo digo que hablen con él como están haciendo conmigo. Seguramente es inocente como yo. Hablen con Elena.

Lo haremos.

Mientras tanto en la habitación 113 Raquel intentaba consolar una vez más a su abuela.

Tú no quieres abandonar esta habitación, pero quizá tengas que hacerlo visto lo que les ha sucedido a tus compañeras.

No es que no quiera abandonar la habitación, sino que no quiero ascender más plantas por lo que ello significa.

Ya lo sé abuela. Quería animarte.

Solo quiero recuperar mis piernas.

Pero si las tienes aquí , donde siempre han estado. ¿No las ves? A ver si el problema que tienes es con la vista…

No tengo ganas de bromas hoy Raquelita.

Si quieres te dejo sola , quizá hoy no quieras compañía.

Si la quiero, pero silenciosa.

Pues has dado con la persona adecuada. Voy a ser como una pared. No notaras mi presencia. Me mimetizaré tanto que no me verás.

Pues de momento te noto y te escucho.

Qué gruñona eres.

Pero me quieres, a que sí.

Pues claro. Si te parece vengo aquí casi cada día porque me gusta el olor a pañales mojados, los sollozos que salen de las habitaciones, las llamadas de auxilio, las miradas que buscan el final y las esperas de quienes desconocen su existencia. Me encantan los quejidos de dolor, la conversaciones surrealistas, los gritos desesperados, zigzaguear entre sillas de ruedas y que muchas abuelas me confundan con sus hijas, con su nietas e incluso algunas con sus madres aunque solo tengo 16 años. ¿Tú crees que vengo aquí por esto o para poderte abrazar y besar?

Como respuesta escuchó un profundo ronquido. Elena se habla quedado durmiendo. Los tranquilizantes de la noche anterior seguían haciendo su trabajo.

Abuela, aunque ahora no me escuches , quiero que sepas que te quiero mucho. Que no quiero que te mueras. Que me quiero aprovechar , mientras tengas memoria, de las historia que me cuentas. Que vengo para que no te vuelvas loca entre estas cuatro paredes. Para que no hables sola y para que te sigas sintiendo como un ser humano. Por eso vengo.

Te quieres callar de una vez , ¡chiquilla!

¿Lo has escuchado todo? Me has engañado.

Por supuesto y aunque no lo veas porque tengo los ojos cerrados, estoy llorando de felicidad. ¡Te quiero, mi niña!

Meco

Inquieto e inconformista de pensamiento. De vida tranquila y convencional. Sobrevivo a esa supuesta contradicción gracias a la ironía y al humor. No soy escritor; pero me gusta escribir. Lo intento encadenando palabras con sentido para describir aquello que todavía me conmueve. Buscador incansable...sigo sin poder contestar a la pregunta que me hacían de pequeño: "¿Y tú, de mayor qué quieres ser?".

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