—¡Hola guapa! ¿Qué tal estás?

—Genial. Es tan guapo.

—Jajaja. ¿Ya habéis quedado alguna vez?

—Sí. Nos hemos visto varias veces. Besa súper bien y es muy cariñoso. Estoy encantada con él. Además, es diferente a los demás ¿Sabes? Hace dos días que nos acostamos y no ha salido huyendo como otros.

La conversación de las dos amigas sigue durante unos minutos. María está encantada con su nuevo novio. Bueno, ella le llama así aunque no han hablado nada. Le conoció en “busco novio”, una red social de moda entre los jóvenes. Desde el primer momento se han caído bien. Y a juzgar por la sonrisa de ella cuando habla por teléfono, parece el inicio de algo muy bonito.

Dos semanas después, María llama a su amiga.

—Tía, no sé que le pasa a Ismael. Lleva dos días desaparecido. Y antes de que me lo preguntes no, no ha pasado nada. Me dio los buenos días antes de ayer como siempre y no supe nada de él en todo el día. Le he llamado varias veces y unas suena el teléfono y otras no. No sé qué hacer.

—Lo siento, pero esto no tiene buena pinta. El otro día leí en una revista que había mucha gente que en vez de cortar, desaparecía. Y decían lo mismo que me estás diciendo tú. Suena el teléfono y no lo cogen, reciben los mensajes pero no contestan. Lo siento, pero él es como todos.

María cuelga el teléfono. No, él no es así. Vio en su mirada algo que no había visto antes. Está por ella, lo sabe. Piensa cómo puede contactar con el chico desaparecido. Y no se le ocurre nada. Sabe que trabaja en una fábrica de un polígono, que vive en la otra punta de la ciudad y no tiene ni idea de su apellido. Una lágrima resbala por su mejilla. Le ha tenido que pasar algo, está segura.

Pasan las semanas y las noticias son las mismas. No hay noticias. María sigue llamando a un teléfono que suena sin respuesta. Todas sus amigas le dicen que pase de él, que habrá encontrado a otra y no tiene valor para decirlo a la cara. Ella lo niega una y otra vez. Él no, él es diferente a los demás. Él…

La música que tiene en el móvil deja de sonar. Asoma la cabeza detrás de la ducha para coger una toalla y secarse la mano. El sonido de una llamada parpadea en la pantalla. Como tiene jabón en los ojos no acierta a ver el nombre que aparece, le da al botón verde y escucha una voz familiar.

—Hola preciosa. No me cuelgues, por favor. He tenido un accidente y no he podido llamarte antes. Se me rompió el móvil y mi madre puso la tarjeta en uno que tenía viejo que se apaga cada dos por tres. No me lo ha querido traer al hospital, porque decía que tenía que descansar. He salido esta mañana y te he llamado en cuanto he podido. ¿Qué tal estás? ¿Estás bien? ¿Estás… enfadada? —las palabras atropelladas de Ismael suenan sinceras.

La pareja acude de la mano al bar donde han quedado con las amigas de ella. Va con la cabeza muy alta y cara de “lo sabía”. Sabía que el chico de sonrisa bonita era diferente a los demás y que una mirada sincera no sabe mentir.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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