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Almudena me emplaza a este reto:
Jugar al ajedrez, con movimientos,
que conformen los versos y argumentos
de sagaz y magnífico soneto.

Sin rehusar al juego, lo acometo,
me concentro en profundos pensamientos,
métrica, rima y rítmicos acentos
y consigo el poema, claro y neto.

Con lucha encarnizada de trebejos,
caballeros y alfiles de alma altiva;
torres con protectores paramentos

enrocan a mi rey, que otea lejos
y, con astuta y lúcida inventiva,
le doy mate en catorce movimientos.