Desde el principio fue así. Era inexplicable lo que decía ese chico.
Ella estaba sentada en un banco de aquel claustro con sus libros en la mano a la espera de que abrieran el aula, él salía de la biblioteca cuando la vio, y ella sin enterarse. Él se paró a distancia prudencial sin perder detalle y claro, ella lo vio allí como un pasmarote… y sin parpadear.
Menos mal que abrieron la puerta y entró. Sentadita en su banco esperó el comienzo de la clase.
Eran los primeros días de curso de un primer año de universidad y ella, todavía insegura y sin hacer amigos.
De pronto aquel “zumbao” se sentó delante de ella pero de espaldas al profesor, o sea, frente a frente y le dijo bajito “me tengo que casar contigo”.
Fue tan impactante que ella, de natural respondona, se quedó sin palabras.
Y así una hora, que hay que tener aguante. ¡Ah! Y que no se cansaba el chaval.
Acabó la clase y dale que te pego, detrás.
Cuando ya llevaban un tanto del trayecto ella, harta ya, se volvió:
– Oye, no me sigas, ¿eh?
-¿y quién te sigue?
– Tú.
– Yo voy a mi casa
– Pues ves por otro sitio, haz el favor.
– ¿Y por qué voy a ir por otro sitio? Te tengo que conocer, ya te lo he dicho.
Realmente era desesperante. Muy digna, apretando sus libros, siguió andando hasta su casa y él, detrás.
Allí se quedó el pobre un día de febrero, sin despedida y sin saber su nombre.
Ella, muy femenina, miró desde la casa con la luz apagada. Se veía bien, habitaba en un primer piso y… ¡allí estaba!
– ¿Habrase visto? Pues ya se le pasará.
Habían hermanos con quien discutir y tele para peliculear. Olvidado.
A la mañana siguiente, ¡allí estaba! Y lo peor del caso es que ya sabía su nombre.

La curiosidad fue superior a ella.

– ¿Y cómo lo has sabido?
– Se lo he preguntado al portero, le dije cómo eres.
– ¿Y te acordabas de cómo soy? Solo nos vimos un rato
– Sí, pero me fijé en ti y en tus manos. Son las más bonitas que he visto.
– ¿Este chico es tonto o qué? ¡Mis manos! Veas tú en qué se fija.
– Oye, ¿y esto va para largo? porque yo salgo con un chico y le va a molestar.
– Pues mira, a mí ya me está molestando él.
Realmente no había por dónde cogerlo, y ella ahí sin saber ni su nombre. Faltaría más, eso quisiera él, que se lo preguntara…

Así empezó todo. Él siempre fue muy persistente.

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

Últimos post porGemma Olmos Jerez (Ver todos)

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

Deja un comentario