Te observo, la vida te ha dibujado mil senderos en la piel, y tu cabello nevado cubre la hierba de ayer. Ya no hay firmeza en tus manos, no aguantas tanto de pie, y hasta se te nota el llanto, que lloraste y que lloré, pues cada lágrima tuya, tú la dejabas caer, para que al llegar las mías, no se pudieran romper.
Antes que me faltes, quiero preguntarte,
cómo era posible, que en un beso tuyo, dormido en mi frente, murieran mis miedos, el frío, lo oscuro y mis grados de fiebre.
Cómo era posible, que si en un instante, se rompían mis sueños en cien mil pedazos, con tanta paciencia, lograras juntarlos y reconstruirlos sobre tu regazo.
Antes que me faltes, quiero comentarte, que aún hoy siendo adulto, si sangra mi vida, busco bajo el manto del mundo travieso, tu abrazo, tu guiño, tu mano y tus besos, mas no te lo digo, puesto que he jurado, no darte disgustos, ya no muestro miedo, tan solo algún susto, no puedo ni debo pedir que me ampares, ya estoy de tu ombligo desumbilicado. Tan solo permite que intente tornarte un cuarto y mitad de lo que me has dado, yo quiero cuidarte, quiero sujetarte con mi pulso firme los dedos ajados. Ni aún siendo eterno podré devolverte todo el sacrificio, ni estirando el tiempo hasta reventarlo, ni juntando cosmos con cielo estrellado, no sé como hacerlo. Dándote mi aire, me parece escaso, te presto si quieres todos estos años, que yo ya he vivido, con las fuerzas mías, y con mi entusiasmo, no sirve de nada prestarte mi tiempo, si no te regalo con él la frescura de todos mis pasos.
Antes que me faltes, quiero confesarte, que sé que mi sangre es un afluente de tu mar inmenso, que sé que respiro, de tu aire prestado, que lo que ahora tengo, me lo has regalado, que faltan te quieros en el universo, que te hagan sentir lo que ahora yo siento.
Quise ser de niño, tantísimas cosas, el mejor en algo, el rey de algún sitio, tenerte orgullosa, colmarte de bienes, ser un hombre rico, y no me di cuenta que lo que buscaba siempre lo he tenido, lo tuve al momento del primer suspiro, lo tuve al segundo del primer berrido, lo mejor del mundo, lo más exquisito, pues nada supera, poder ser tu hijo.