Toc, toc, toc, gritó la aldaba contra la puerta. Toc, toc, toc, insistió.

< Ya vooooooy, dijeron los pasos de una voz femenina desde dentro, la visitante pudo ver como en el interior de la casa, el sonido de unos tacones de aguja aplastaba los segundos tras cada pisada. No necesitó acceder, ni siquiera tuvo que esperar a que le abrieran la puerta, vio morir aquellos segundos como tantas otras veces había hecho. Los vio perecer a través de sus palabras, palabras que como ellos habían nacido para morir justo un segundo después. Eran incontables las ocasiones que había contemplado la finitud de aquellos seres breves y se había detenido a escuchar el escueto monólogo de cada uno de ellos antes de perder la vida ante la llegada de su compañero. Aún recordaba aquella tarde en el que uno de ellos tuvo tiempo de preguntarse entre el instante de su nacimiento y el de su muerte que si todos sus congéneres eran segundos quién debió haber sido el primero.

Al fin se abrió la puerta y cayeron dos sombras  de bruces contra el suelo.

< ¡Vaya, que sorpresa!, te has decidido a venir a nuestra humilde morada, creí que nunca iba a llegar este día, dijo la anfitriona con una remilgada coquetería fuera de lo común. Y vienes muy bien acompañada.

< Sí, ya sabes lo mucho que me cuesta decidirme en todo, pero esta vez mi visita era irremediable, como ves traigo a tu primo, ha venido a pedirme consejo pero no he sabido ayudarle.

< Anda que también éste, mira que ir a pedirte ayuda a ti que no sabes ni peinarte, a ver si mejoramos el aspecto que eres inepta hasta  para conjuntar prendas.

< No he venido aquí a hablar de mi aspecto, como ya te he dicho traigo a tu primo para ver si podemos solucionarle un problema en mi opinión grave. Bueno al menos para mí, no sé para los demás.

< Bueno, bueno, que aires trae la señorita, se te va a estropear aún más la piel con ese humor.

A ver primito, cuéntame qué te pasa. Ah, y antes de hablar permíteme un consejo, cuando tengas un problema nunca acudas a ver a esta, parece mentira que no lo sepas.

<No, prefiero hablar con Madre, dijo el aludido con la vida fruncida en el rostro y los ojos inyectados en sangre. Tú tampoco has sido nunca una buena consejera.

< ¿Y qué tiene madre que no tenga yo?, tal vez no deberías molestarla, ya sabes cuanto se enfada.

< Pues que ella nos crió y nos sacó adelante a ambos, sin tener la obligación de hacerlo y muy a su pesar, ¿ te parece poco?

< Buah, menudeces, eso no es motivo suficiente. Estoy segura que yo podría ayudarte mejor que ella.

Vamos a hacer la prueba, a ver ya que mi primo no me lo quiere contar, ¿ por qué no me lo cuentas tú, piltrafa?. Os demostraré que le puedo ayudar.

< No sé, es que creo que mientras más gente lo sepa más van a poder ayudarle pero claro y si luego es que no.

< Ay, siempre estamos igual contigo, cuéntamelo de una vez que a mi primo no le hago mucha gracia, solo hay que ver como me mira, parece que me quisiera matar.

< Yo creo que te mira como mira a todo el mundo, él es así, creo.

< Dímelo ya, no tengo todo el día, he de ir a mirar los perfiles de mis contactos, es lo que más me entretiene, son todos tan irrisorios.

< No sé, es que tu primo no quiere y claro, tal y como es me da miedo su reacción. Aunque también me horroriza su respuesta si no le ayudo. Bueno, ahí va:

< Se ha enamorado.

< ¡Hostia!, pero… Eso es horrible.  

¿Estás seguro, primo?

La respuesta fue tan muda como terrorífica, miró fijamente a la entrometida y le pasearon por la mirada los peores deseos que se pueden tener hacia otro ser.

< Pues es más grave de lo que pensaba, dijo su prima sin inmutarse ante la mirada de él, acostumbrada como estaba desde que era pequeña.  Mucho más grave, lo peor que podía pasar.

Madre te mata, sabes que lo tienes terminantemente prohibido. Yo no se lo diría, es más ya podemos ir a escondernos todos al rincón más oculto del más recóndito lugar del mundo porque en cuanto se entere temblarán los cimientos de la tierra.

¿Te das cuenta de que si tu amor es verdadero puedes provocar cicatrices irreversibles en la historia de la humanidad?. Recemos porque esto solo sea un capricho pasajero y sobretodo para que no salga de entre estas paredes, podemos crear un conflicto inconmensurable.

Cuéntame primo, cuales son tus síntomas.

< Muchos, refumfuňó, me siento bien cuando pienso en mi amor, alguna vez una sonrisa me ha abierto con fórceps los labios.

< Mierda, se ha enamorado, dijo con el terror aferrado a su cara.

< Envidiaaaaa, retumbó una estruendosa voz que bajó a trompicones las escaleras desde la planta de arriba. ¿ Quién ha venido?, ¿con quién hablas?

< S..so…son Incertidumbre y mi primo Odio que han venido a veros, Madre.

< Ho, hola, señora Rabia, se le cayó la voz de la boca a Incertidumbre.

< Muy importante ha de ser lo que venís a decirme para que oseis importunarme sabiendo lo que me molesta, protestó la voz de la señora Rabia teniendo que esquivar a mitad de trayecto la  de Incertidumbre que subía.

< Madre, Incertidumbre ha decidido venir.

< Sí, ese es un dato definitivo, dijo completamente indignada. No sé por qué no me negué a criaros, no dais más que problemas. Maldito sea el que ideó que debíamos ser las Rabias las encargadas de vuestra educación. A ver, contarme de una vez qué sucede.

< Creo que será mejor que bajéis, Madre.

< ¿Qué?, preguntó su voz convertida en hermana gemela del trueno.

< Como me hagáis  bajar para una memez Jack el destripador os va a parecer Bambi a mi lado, dijo la señora mientras bajaba destrozando jarrones y adornos a patadas durante su trayecto y apretando los puños fuertemente para retener la mayor cantidad de furia en sus manos.

Justo dos escalones antes de llegar abajo, habló Odio, sin apartarle un instante la mirada a Rabia.

< Me he enamorado.

Fue tan espeluznante el grito de la matriarca que incluso el cielo bajó sangrando a esconderse bajo la Tierra.

Odio, no se inmutó, se mantuvo impertérrito ante ese infernal alarido.

< ¿Pero como se te ocurre?

< No se me ha ocurrido, surgió.

< Esto supera cualquier imprevisto. Jamás, jamás en toda la historia, jamás de los jamases se había enamorado ningún Odio y ha tenido que pasarle a un discípulo mío. Debería matarte ahora mismo con mis propias manos pero no me serviría de nada, morirías amando. Pensé que había hecho de ti un odio de provecho, daba rabia lo bien que odiabas y ahora, ahora quieres destruir el mundo con una sensiblería. Sabía que me odiabas pero nunca creí que fueras capaz de esto, dijo buscando con la mirada la complicidad de Incertidumbre y Envidia que se ocultaban tapadas por sus temblores debajo de una mesa.

¿Estarás contento de odio?, sabes que esta es la mayor humillación que me podías hacer, conoces perfectamente cuál es la solución, sabes quien es la única que puede arreglar este despropósito, nuestra mayor enemiga, el ser que más rabia me da de todo el planeta, la única que nos puede vencer a todos a la vez solo apareciendo, la maldita Razón, Madre del raciocinio y el sentido común, esa mala pécora que todo lo sabe y a la que todo el mundo quiere.

Aaaaaaaaaaaaaarg, gritó, maldito Odio te ídem. Se acercó al teléfono, marcó unos números y no esperó a que respondieran al otro lado, su archienemiga reconocería los dígitos y acudiría.

La espera se hizo eterna, el Odio brillaba ocupando la sala, frunciendo el semblante con su peor cara sin dejar de mirar a Rabia que apretaba los dientes hasta sangrar. Incertidumbre iba cambiando de escondite en breves espacios de tiempo sin lograr estar segura de cuál era el más idóneo y Envidia tomaba nota con la mirada de cada una de las cosas que pasaban en aquella sala convertida en el averno de su familia.

Tardó en llegar  Razón justo lo que quiso el tiempo que tardara, empujó la puerta que había dejado entornada Rabia para no tener que recibirla y escudriñó la estancia en un vistazo repleto de preguntas.

< ¿Y bien?, dijo sin perder de vista a Rabia sentada en el primer escalón y a Odio de pie en mitad del salón, inmóvil de cuerpo e inquieto de ojos.

Razón sabía que si se le había llamado era por algo que solo podía solucionar ella y eso le hizo perder completamente el sentido de la precaución.

< Se ha enamorado, dijo Incertidumbre oculta detrás de una cortina.

El gesto de sorpresa que invadió la faz de Razón dejó ver lo inesperado de la situación. – En toda mi vida hubiera pensado en un problema de tamaña  envergadura, musitó.

Miró a Odio fijamente intentando encontrar la respuesta al mayor interrogante que se le había planteado nunca, movió los ojos hacia la mente, jugó con una punta de su cabello enredándola en sus dedos y habló:

< Odio, piensa en tu amor.

Odio, tan extrañado como el resto de los ocupantes de la estancia, colocó la imagen en su cerebro y se le fugó una sonrisa de la boca. Fue entonces cuando Razón viéndolo  en su máximo esplendor de enamoramiento le ordenó:

< Ahora da un paso.

Odio obedeció confundido pero al darlo sintió que su corazón aborrecía a su hasta ese momento amor deseándole lo peor.

< Solucionado, dijo Razón con una mueca de satisfacción mientras daba media vuelta hacia la salida.

< ¿ Cómo lo has hecho dijo asombrada Envidia con la inquina ocupándole la vista.

< Siguiendo la lógica, respondió sin volver la cabeza Razón desde el umbral.

Del amor al odio hay un paso.