Ahora que no tienes tiempo

para pararte a pensar

cuánto te amo.

Ahora que muere ensartado

en la aguja del reloj

nuestro pasado.

Ahora que cuando despiertas

ya está anocheciendo el sol,

haciendo estragos,

en las manchas de carmín

que maquillan el latir

de tu cansancio.

Ahora que en cada existir

tú te quisieras morir

para volver a nacer

sobre tus pasos.

Ahora que huyes de ti

para encontrarte por fin

donde habías empezado.

Ahora que sueles vivir

en un abrazo infeliz

que no utiliza los brazos.

Ahora es cuando más estoy,

y allí donde vayas voy

sin que me veas.

En los poros de la piel

de tus latidos

en la sangre del suspiro

que no empleas

en las venas que recorren

cada huella

que has dejado en el camino

de mis besos.

En el corazón de tu alma,

en su carne y en sus huesos,

en la herida de la calma

que se te rompe en los dedos.

En el rincón de la espalda

de tu vida

en el alivio que espera

a tus heridas

en el brillo de una luna

que se acuesta

reflejando sobre un lago

tus bostezos.

En la orilla de la playa

de tus sueños,

en el hilo de tu falda

de diseño,

en la voz que hay

en tu risa,

en los nervios del botón

de tu camisa,

en el cielo de tu boca,

y en ese infierno secreto

donde nacen las caricias

que habrán de volverte loca.

Allí donde estés estoy

aunque no me necesites,

aunque pienses que es mejor,

enfrentarte sola al hoy,

que no permite

que disfrutes del rincón

donde tú existes

y donde te espero yo,

admirando cada uno

de tus resquicios

cada esquina de tu ser,

cada nuevo amanecer,

eres mi vicio.

Y no me pienso perder

donde se borra el ayer

por el viento del olvido

si tú no has de aparecer

con el futuro en los pies

para perderte conmigo.

 

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