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Hay Sábados con complejo de domingo, pensó. Parece que tengan prisa por llegar al lunes.

Fuera en la calle la tarde jugaba inquieta sobre las aceras y ya empezaba a mostrar la luna su sonrisa traviesa.

Se le reunieron todos los nervios en el espejo y vio los años mirándola a través de sus arrugas.

– Esta de aquí juraría que ayer no la tenía, protestó estirando el pómulo para hacerla desaparecer por un instante.

– ¡Dios!, que tendrá el tiempo en contra mía que me deja cicatrices de propina a cada año que pasa, lamentó entre dientes.

– Espero que no se fije en esas cosas, ¿pero a quien quiero engañar?. No hay que ser un lince para darse cuenta que los días van envejeciendo sobre la piel a la misma velocidad que los sueños van despertando de su fantasía. Me mirará de arriba abajo, todos los hombres lo hacen, seguramente busque que queda de mí en mí, no quiero ni pensar en cual de las huellas que me han dejado los años se decepcionará primero.  

Veinte años no son nada… seguro que la letra de ese tango la escribieron después de diez rondas de chupitos, sino no se entiende. ¿ Cómo narices no van a ser nada veinte años ?, me va a explicar a mí Gardel en cuanto me lo encuentre en el más allá si su mujer tenía las tetas en el mismo sitio con 22 que con 42. Vamos hombre, lo que me faltaba por oír, yo creo que los pechos se van decepcionando de la vida al tiempo que lo hacemos nosotras y acaban cabizbajos lamentando su suerte.

¿ Y cómo no va a ser así, si de pequeñas nos brindan un mundo de ensueño haciéndonos creer que vendrá un príncipe azul montado en un corcel blanco a hacernos volar sin separar los pies del suelo, para toparnos después con el paso de los años con la triste y cruda realidad?. Una realidad que aparece irremediablemente en cuanto te das cuenta que al cerrar los ojos la vida ya no huele a sueños y los abres y ves a ese príncipe que te vino a buscar con una palidez que da pena el hombre, ¿por qué nadie nos dice que al tercer lavado se destiñe?. ¿ Y el corcel?, pobre animalito, él si que se ha vuelto azul de soportar el peso del jinete que tiene ya una barriga que ríete tú de los hipopótamos. Yo creo que si vas un poco despistada piensas que te has topado con una escultura de Botero llamada “Marido sobre caballo azul”.

Y luego claro te separas porque ya no sabes distinguir mirándoles a la cara quién es el jinete y quién el equino. Y no tienes suficiente con lo traumático de la ruptura, no, cuando aún te estás sacudiendo los restos que quedaban de la relación se te planta tu madre enfrente moviendo la cabeza de lado a lado y mirándote como si  hubiera venido un viento y se te hubiera llevado el poco juicio que te quedaba. Y tú la miras esperando su sentencia, esa con la que nacen todas las madres de antiguas generaciones, y la ves venir pero no haces el más minimo esfuerzo por evitar la frase, porque si algo tienes claro en esta vida es que esa frasecita te va a perseguir  hasta el fin del mundo y te va a encontrar aunque vayas a esconderte debajo de la piel del mismísimo infierno.

< Que poca paciencia tenéis los jovenes de hoy en día.

– Hala, ya la ha soltado, y que gusto se ha quedado oye. Bueno al menos me ha llamado joven. Poca paciencia dice, llevo aguantando casi quince años a ver si el hombre que hay sentado en el sofá deja salir de su prominente vientre al joven atento y cariñoso que  debió comerse un día que yo estaba a otras cosas.

– Y aquí estoy libre y sola, pero no sola de ¡que bien, puedo hacer lo que quiera!, no, sola de tener que ver como la soledad se descojona cada vez que paso por delante suyo. Y ahora encima, cuando menos me lo esperaba, Carlos, aquel chico de labios de nube, morenazo y bien plantado que vino a besarme sin pedirle permiso a mis labios hace ya 20 veranos, me busca, me encuentra y me pide volver a vernos. Y la verdad se me comen los nervios, y yo los miro con ojitos y les pido por favor que ya puestos se coman los michelines que asoman su impertinente  presencia en mis carnes, pero nada oye, no hay manera, deben ser sordos, porque ha pasado ya una hora e incluso me parece que han crecido.

¿ Y que cuerpo me pongo?, debe estar pensando la ropa de mi armario. Esa es otra, hace que no renuevo vestuario desde mi primera comunión por lo menos.

¿ Cómo estará él?, espero que esté algo menos guapo y algo menos bueno, al menos para igualar la batalla digo yo.

Porque mira que era guapo, y que cuerpo, lástima que se  alejara arrastrado por las olas de aquel verano que se fue.

A ver Cupido, si me estás escuchando, ya puedes ir afinando la puntería y traémelo algo menos perfecto, que vaya al gimnasio, sí, pero los martes bisiestos solo, no vaya a ser que tenga que ir apartando mosconas a cada paso que dé, que una ya no está para competir con según quien. Ah, y si es posible que tenga el pelo gris, con esas canas que hacen a los hombres tan atractivos. Bueno, oye, que tenga pelo no vaya a ser que me retires el pedido por estar fuera de stock.

¿ Qué hago, doble capa de pintura o perfilo tan solo las virtudes que aún me quedan?. ¡ Que nervios! , bueno me pongo el vestido negro que conjunta hasta con la mala suerte, y esos zapatos que tanto le gustan a todo el mundo, bueno a todo el mundo menos a la bruja de mi cuñada, que ganas tengo de que un día se atragante con la sonrisa.

Ya está, oye no me queda nada mal, me hace un buen culo. Venga al baño, que debe estar a punto de llegar. ¡Que fuerte, me viene a buscar como cuando teníamos 17 años y lo más curioso es que tengo la misma sensación en el vientre que entonces, bueno seguramente una sensación algo menos atractiva pero la misma al fin y al cabo.

Voy a ver si se me concede el don de los grandes artistas y hago una pequeña obra maestra con el maquillaje en mi cara. Uhmmm, aún puedo hacerle perder la cabeza otra vez, no estoy nada mal. ¡Que nervios!.

¡El timbre!

Vooooy. Sonríe guapa, sonríe y haz que te quiera romper la sonrisa a besos.

< Hola. Muac, muac.

< Cuanto tiempo. Pasa, pasa, que estoy terminando de arreglarme.

-Madre mía, que guapo está. Y se mantiene muy bien. Que estoy igual, dice, que mono. Mejor no le pregunto que igual que quién. Bueno, dos últimos toques y a por él.

-Sonríe y vuelvelo a enamorar.

– ¿Nos vamos?. Que espere un momento dice, me ha de decir algo antes de irnos. Ay, madre, se tiene que sincerar, añade. Ahora sí que me tiemblan hasta los temblores. Que no, que no es mejor en el restaurante, que me lo ha de decir aquí antes de dar un solo paso, venga sueltalo guapo, sueltalo que me da un síncope.

< Díme.

< Me queda un año de vida y te he buscado para pasarlo a tu lado. Nunca pude olvidarte y no te quiero engañar. Tú decides si quieres atravesar esa puerta de mi mano.