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La noche se avecina tan bonita, que el cielo empieza a ruborizarse, los sonidos en el bosque guardan secretos inconfesables y tras el rubor del ocaso, se anuncia una luna llena que encenderá el mundo mostrando la belleza secreta de nuestro planeta.
Entre la espesura, sobre el quejido quebrado de las ramas secas, una manada de lobos camina firme y acompasado hacia un lugar donde descansar, bordean el río y aunque ya han comido, la fauna que cohabita con ellos les va abriendo paso, sin hacerse en ningún momento visible. Hay lobos ancianos ya, sabedores de un final cercano, que depositan en cada paso, los aňos vividos, agradeciendo en cada uno de ellos, todas las huellas futuras que la vida les ha de regalar.
Un extenso número de lobos jovenes, siguen los viejos pasos de sus mayores, ansiando pasar a la acción durante toda la jornada, incluso en ese momento, en el que el bostezo del crepúsculo, no invita a la aventura, se les ve en los ojos su afán por demostrar, sus ganas de comerse el mundo.
Los lobos adultos, tanto hembras como machos, cuya misión es defender y guiar a la manada, se saben importantes, su fortaleza es vital para el grupo, caminan sin bajar la guardia, guardando en la mirada a todos los integrantes, sin perder de vista un solo detalle, intentando discernir cada sonido del bosque, siempre alerta.
Ya tan solo restan unos minutos para que la luna llena gobierne el mundo, y una loba adulta, se adelanta, dejando su grupo, para acercarse al de los lobos jovenes, se para frente a uno de ellos, cortándole el paso, le ladra, el lobo joven protesta, la loba muestra sus fauces sin dejarle continuar su marcha, mientras el resto de la manada continua su camino. El aullido del lobo joven retumba en la vegetación, su lamento desgarra el aire, la loba se mantiene firme en su empeňo de echarlo del grupo, deteniendo su camino, coartando el sueňo de ser esencial algún día en esa manada.
Sus compaňeros de viaje, se alejan, los pierde de vista, la loba permanece inmóvil, observando la angustia de su hijo y con el alma herida emite un aullido estremecedor, un lamento inhumano que destroza el tiempo, su hijo sufre, quiere seguir, ella no lo va a permitir, conoce el peligro que corre si sigue con el grupo.
La luna llena, baňa ya su reflejo en la corriente nocturna del río, el lobo joven se retuerce, empieza a perder pelo, sus patas delanteras se tornan manos, las traseras pies, su transformación humana se hace evidente, la madre aulla de nuevo, con el corazón completamente herido, el joven se arrastra no se reconoce en su cuerpo, las lágrimas de dolor apenas le dejan ver la luna llena sobre la superficie del río, busca la luz y consigue ver su propio reflejo flotando, un grito humano de horror, produce un escalofrío en cada árbol, en cada ser vivo.
¿Que es ese monstruo que se ha apoderado de su cuerpo?. Deshecho en llanto, mira a su madre, buscando respuestas, ella algo alejada tan solo le observa, paciente se lame una pata, pernanecerá allí, vigilante protegiendo a su hijo de cualquier depredador, incluso de los lobos, hasta que este, vuelva a su estado natural y logren encontrar otra manada a la que unirse.

Photo by Albert Clavería