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Por el momento pasaban los días con relativa calma. No habían vuelto a sacar el tema, su marido, como era su costumbre, olvidó lo hablado y dio por zanjada la discusión, si a él no le convenía, no le convenía a nadie, y punto.

Cuando llegaba de sus viajes ella se encargaba de que lo encontrase todo tal como sus exigencias requerían, así que por el momento estaba bastante satisfecha de poder acudir a todo sin que él lo notase. Aunque no era eso lo que ella había esperado, sabía que no le gustaba lo que hacía, pero imaginó que él no pondría tanta resistencia si todo estaba como siempre, así que ella seguiría como hasta entonces mientras las aguas siguieran su cauce.

 

Facebook estaba siendo de gran ayuda, abrió una página de autora en la que colgaba los trabajos que realizaba y hasta tenía un enlace de compra, muy útil cuando no sabes por donde comenzar, poco a poco había empezado a tener un relativo éxito, aunque no era conocida, sus cuadros y pequeñas artesanías empezaban a gustar y a venderse alguna pieza que otra.

 

 “Tienes un mensaje”.

 

Anunciaba el bocadillo superior de la pantalla.

 

—Hola, espero no molestarte, solo quería decirte que me gusta mucho lo que haces y quería pedirte permiso para compartir. Dirijo una galería y he pensado que a lo mejor podemos colaborar en alguna ocasión.

—Desde luego, me encantaría colaborar de algún modo, aunque no tengo nada de experiencia —confesó— y por supuesto tiene mi permiso para compartir todo, ningún problema.

—Tengo una reunión esta tarde con los accionistas y expondré lo de la colaboración, si aceptan, te digo algo.

—De acuerdo, ningún problema, será un honor para mí.

—Lo único es que hay un pequeño, o gran inconveniente, según se mire, a los colaboradores no se les paga.

—Tranquilo, no todo en la vida es dinero.

—Se nota que eres una persona sensible, y, además, que te gusta mucho lo que haces.

—Gracias, es muy amable. Lo siento, le tengo que dejar, me llaman al teléfono y espero que sean de los que pagan jajaja.

—Está bien, hablamos —se despidió Jaime.

 

Conversación de chat finalizada.

 

Cuando Rhona, al rato, releyó el mensaje, no podía creer la suerte que había tenido, que un galerista, por modesto que fuese, le ofreciese colaborar, aquello era un sueño, pensó.

Estaba contenta, y aunque a veces sentía cierto temor a que Daniel se enterase de lo que hacía, ya no le importaba. La alegría que le daba hacer por una vez lo que deseaba, le proporcionaba las fuerzas necesarias para soportar lo que fuese.

 

Aquella mañana había terminado unas piezas y estaba subiendo las fotos al Facebook cuando un artículo le llamó la atención, no era dada a contestar comentarios sobre política, ella era de aquellas personas que respetaban mucho a los demás, o sea que su lema era; vive y deja vivir. El problema era que en aquella ocasión le tocó la fibra un comentario y, sin siquiera pensarlo, dio su opinión. Para su sorpresa, aquel comentario levantó ampollas y una persona en concreto contestó con bastantes malos modos, como si su verdad fuese la verdad absoluta. Estaba desconcertada, cómo alguien que se suponía tenía las mismas ideas que ella podía haber tergiversado sus palabras de aquella manera.

De pronto se sumó otro personaje a la tertulia, nueva sorpresa por parte de Rhona, era Jaime, el director de la galería que la estaba defendiendo y aclarando su argumento.

Gracias, aunque no era necesario, puedo defenderme sola. —Contestó Rhona, con algo de acritud, en los comentarios a pie de noticia.

Volvió a asomar la ventanita de un mensaje privado, era Jaime, que se excusaba por su intromisión.