Clica para calificar esta entrada!
[Total: 1 Promedio: 5]

Nochebuena, doce de la noche.

 

Rhona intentó llamar a las chicas pero la línea estaba colapsada, envió algunos whatsapp a las amigas y algún que otro conocido pero costaba que entrasen, o estaban celebrando y no contestaban, “ya los leerían por la mañana”, pensó.

La noche de nochebuena cenaron solos, Daniel había reservado esa noche para ellos, muy considerado él, cuando como era habitual en él, en toda la cena le había dirigido la palabra. Acabaron de cenar, recogió la cocina y puesto que su marido se había encerrado en el estudio, no tenía nada más que hacer. Ya ni siquiera acudían a la Misa del Gallo, como había sido tradición en su familia, hasta eso había dejado perder, la costumbre era de la familia de Rhona, no de la suya, por eso no le interesaba demasiado.

No tenía sueño así que se sentó frente al ordenador, estuvo leyendo el correo y contestando a algunas personas que le felicitaban las fiestas por ese medio. Estaba a punto de acostarse cuando el móvil emitió el típico sonido que anunciaba que tenía un mensaje en el Facebook.  Curiosa, pensó quién podía estar en Facebook a aquellas horas en una noche tan señalada. Abrió la página del navegador y le dio al bocadillo de los mensajes, las pulsaciones se le aceleraron al ver que se trataba de Jaime.

Tiene un mensaje nuevo.

¡¡Feliz Navidad, querida Rhona!! Para cuando te conectes.

Muchas gracias, igual te deseo.

No esperaba que estuvieses conectada en una noche como esta, pero me alegro. —Comentó Jaime de pronto.

Estaba a punto de irme a la cama, solo repasaba el correo y les enviaba felicitaciones a mis hijas.

—¿No pasan las fiestas en casa? Por cierto, cuantas hijas tienes, nunca has comentado que tuvieses hijos.

Tengo dos, son enfermeras y viven en Londres. ¿Tú tienes hijos? —Preguntó a su vez Rhona.

No, por desgracia nunca tuvimos hijos, mi mujer tuvo un aborto y nunca más quedó embarazada.

Lo siento. —Rhona no supo qué decir, le dolía de verdad.

De eso hace ya muchos años, yo ya lo superé.

Por tus palabras deduzco que a tu mujer le ha costado un poco más.

Mi mujer no lo ha superado, desde entonces la convivencia es difícil.

No sé que decirte, de veras que lo siento, para mí, mis hijas son la mayor bendición. Perdón, creo que no debí decir eso. —Después de hacerlo pensó que no había sido muy acertado aquel comentario.

—¿Por qué no? Tienes mucha razón, los hijos son una bendición, que no tenga no significa que no lo entienda, además, tengo sobrinos.

Yo sobrinos no tengo.

—¿Entonces ahora estás sola? —preguntó de pronto Jaime.

Rhona se puso nerviosa ante aquella pregunta, no sabía cómo interpretarla, ¿era por cambiar de tema? Si solo era eso, bien, de lo contrario no sabía que pensar.

Te has quedado callada. Creo que me has malinterpretado, me he explicado fatal, quise preguntar si no tienes compromisos, quería proponerte si puedes venir pasado mañana a la galería, necesito alguien que valore el resultado antes de abrir al público la nueva exposición. —Se apresuró a aclarar Jaime.

No creo ser la persona indicada, ni siquiera he hecho una exposición en mi vida. —Intentó contestar sin dar importancia a la frase—. Lo único que sé decir es si me gusta algo o no.

El comentario que has hecho es el de una persona inteligente, no juzgas la bondad de la obra, sencillamente dices si te gusta o no. Eres precisamente el tipo de persona que necesito para que me dé una opinión sincera.

Pero yo no quiero condicionar a nadie, todos los que me conocen saben lo rara que soy, creo que me sobrevaloras, solo soy una pobre vieja aburrida que se entretiene haciendo algunas fruslerías, supongo que era esa la colaboración de la que hablabas —contestó Rhona intrigada.

Creo que la que se menosprecia eres tú, por las cosas que compartes en Facebook, creo que eres una mujer muy sensible, con un espíritu muy joven. Vieja la ropa, soy un desconsiderado, no te dije nada de la colaboración porque la galería hace aguas, no sabemos el tiempo que durará abierta al público —aclaró Jaime.

—¿Tan transparente soy? —preguntó alarmada y dio por zanjado el tema de la colaboración, pensó que no debió comentarle nada, pero ya estaba hecho.

A lo mejor es que soy muy observador, y así te llevo la contraria jajaja.

—¿La contraria? No entiendo.

Dices que eres mayor, yo creo que estás en el punto de madurez adecuado, por eso me gustas.

Aquella declaración la dejó sin habla, de pronto le subieron los colores y los calores a la cara, si no la conocía de nada, a qué venía aquella confesión, ¿habría estado celebrando la navidad y habría bebido? Debería desconectar en aquel momento, ¿y si era un pervertido? Vale que hiciera unos meses que se escribían, pero ella para nada pensó que a su edad pudiera gustarle a ningún hombre, si ni siquiera la miraba su marido. Aquello no entraba en sus planes y le rompía todos los esquemas.