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Rhona estaba desconcertada, no sabía qué pensar de todo aquello, no creía haber dado señales de otra cosa más que de su trabajo. Ahora que pensaba, alguna vez había leído cosas divertidas sobre el letargo de los matrimonios, le venía a la mente un articulo que había compartido que hablaba sobre las mujeres con poco sexo, según el artículo corrían riesgo de muerte prematura. ¿Habría pensado Jaime que hablaba por ella?, seguro que era eso, no sabía cómo, pero intentaría deshacer el entuerto.

Después de aquello habían hablado unas cuantas veces pero todo muy normal, le preguntaba que tal estaba, ella siempre respondía que bien. Hablaban de política, de sus respectivos trabajos, incluso del tiempo en alguna otra ocasión. Poco a poco se fue acrecentando su amistad y a medida que pasaban los días, él le iba demostrando en sus conversaciones que se sentía atraído por ella. Lo dejaba caer, aunque Rhona pensaba que era su carácter adulador y que se comportaría así con todas las mujeres con las que hablaba. Así habían pasado tres meses y, aunque no quería reconocerlo ni ante sí misma, se entusiasmaba cada vez que saltaba el recuadrito de los mensajes.

Era tan desconcertante la actitud de Jaime, que no pudo menos que compararlo con su marido, ni siquiera era capaz de recordar cuándo había sido la última vez que se había despedido con un beso de verdad, cuándo la había cogido de la mano o tan solo escuchado algo de lo que ella decía, eso para él, sencillamente, era irrelevante. Su trabajo y su éxito habían tenido prioridad sobre todo lo demás. Él era así, frío y calculador. Por muchos esfuerzos que Rhona hiciese, siempre había algo que, según él, ella podía mejorar. Con el tiempo se había acostumbrado a sus vacíos, a sus desplantes, procuraba tener todo impecable para cuando él llegaba, todo en su vida debía estar perfectamente ordenado y catalogado.

Mientras tuvo a sus hijas con ella, el amor que sentía era tan grande que suplía cualquier otra carencia, pero ahora, ellas ya habían volado del nido y Rhona se sentía sola y fuera de lugar.

 

Pasaron unos cuantos días antes que volviese a tener noticias de Jaime, se acercaban las navidades y eran fechas de mucho trajín, había que pensar qué regalos comprar y sobre todo en las cenas y comidas navideñas, ya que Daniel siempre tenía amistades a las que invitar, o simplemente conocidos a los que impresionar, para tener ases en la manga cuando necesitase algún favor, él funcionaba así, siempre por conveniencia, siempre buscando su beneficio.

Rhona, pensando en la cena prenavideña, imaginó que sería original regalar alguna cosa hecha por ella, unos servilleteros, hechos con tenedores reciclados, pensó que serían el regalo perfecto para los comensales. Así también se daría a conocer dentro del círculo de amistades de su marido. Odiaba aquellas fiestas tan pomposas, para ella las navidades eran fiestas familiares, pero la familia se había reducido a ellos dos y sus hijas, así que para ella no dejaban de ser como cualquier otro domingo, nada especial y menos desde que las chicas no estaban, ese año ni siquiera estaban seguras de poder pasarlas en casa.

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Quisiera presentarme, mi nombre es María Teresa Mateo, nací en Sabadell provincia de Barcelona allá por octubre de 1960, por lo tanto soy de signo Libra, dicen que el símbolo del equilibrio, dejémoslo ahí. Soy catalana hija de andaluces, de Córdoba concretamente. Nunca destaqué en ningún deporte, ni fui brillante en mis estudios, aunque en mi defensa debo decir, que creo ser la única criatura en el mundo, que hace pellas en clase para irse a leer a la biblioteca. Acabé mis estudios sin pena ni gloria, empecé a trabajar en el negocio familiar y nunca dejé de leer, ni un solo día, la lectura fue (y sigue siendo) mi pasión, hasta que empecé a escribir; Y empecé por casualidad, todo el mundo me incitaba a la locura, yo creí estar más cuerda que ellos, hasta que ganaron la batalla. Aparte de escribir y leer, hago otras cosas: Tengo un negocio de perfumería y estética, estoy casada, y tengo dos hijos.
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