LA MUERTE
Siempre he tenido miedo a morir
A que mi cuerpo deje de moverse
Dejar de respirar, de sentir la brisa en mi cara
Dejar de existir
Es la muerte la que me amedrentaba
Ella fría y sutil
Ante cualquier angustia aprovechaba la oportunidad
Por cualquier grieta se colaba
El miedo invadía mi cuerpo
Me recorrían los escalofríos
La sensación de que todo se acababa
Miedo a morir el que sentía
Cuando estaba sola
Cuando te miraba a los ojos
Creyendo que no me querías
Miedo a estar muerta
Qué paradoja la mía
Tener miedo a algo
Que desconocía
Pero que era parte de mí
Estaba muerta en vida
Creía estar viva porque comía
Caminaba o respiraba
Pasar por los días me servía
Sin saber que ya no estaba
Estaba perdida en el abismo
En una vida ficticia en la que me dejaba llevar
Como barco a la deriva
A merced de las olas del mar
Aquél día me miré a los ojos
Y me dije ¿Dónde estás?
En qué lugar te has perdido
Es hora de regresar
De recordar quien eres
Sentir que eres la vida plena
Transitar de nuevo los caminos
Encontrar tu verdad
Comencé el camino de retorno
Recorriendo empinadas colinas
Que se hacían muy duras
Que casi siempre dolían
Penas, sudor y lágrimas
Eran mis compañeras
Tristeza y desazón en mi pecho
Por sentirme perdida
Hasta que llegué hasta ti
Mi pequeña amiga
Estabas allí, inmóvil
Con tu vestido blanco
Nadie te creía
Me tomaste de la mano
Quisiste que te acompañara
Necesitabas que viera
Que tú no te lo inventabas
La historia que contabas era verdadera
Cuánto dolor en tu mirada
Que impedía que vieras
Te mostraba otra realidad
Que no era la tuya
Instantes fugaces que se quedan
Que se marcan en el alma
Dolor que se hereda
Que roba la calma
Una paz que ansiabas
Que sin saberlo yo también buscaba
Me mostraste aquél día
La verdad que te cegaba
Juntas de la mano
Volvimos a ser niñas
Caminamos, corrimos jugamos
Nos hicimos una promesa
También nos reconciliamos
Cada vez que sintamos que el miedo viene a vernos
Volveremos a aquél lugar
Donde el amor hizo su magia
Al mostrarme tu verdad.
Muerte la que sentí
Al reír tomadas de la mano
Viendo cómo él perdía su poder
Todo había terminado

Begoña de la Rosa

Begoña de la Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña de la Rosa

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