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Déjame tocar tu corazón y darle vida, permite que la piedra se convierta en carne, que el desierto produzca vergeles y que se abran caminos en el mar. Las piedras en las que tropecemos solo nos recordarán que somos vulnerables pero siempre tendremos la oportunidad de apartarlas para que otros no se lastimen con ellas. Te demostraré que el abismo se convertirá en valle, el aprisco en desfiladero.

Déjame curar las heridas que laceran tu alma, limpiar la oscuridad que envuelve tus tristezas. Abramos las puertas, invitemos al viento para que arrastre las hojas marchitas del pasado y llene de vida nuestros huesos secos. Encendamos el fuego destructor que elimina impurezas y extrae lo puro y genuino.

Déjame mostrarte un camino que lleva a la felicidad, descubrirte un paisaje limpio, parajes nunca antes transitados, senderos de luz y esperanza. Entra en casa y reposa. Seré anfitrión y huésped.  Prenderé el hogar y calentará nuestras heladas manos, abrigará al lacerante frío y  ahuyentará el ambiente hostil. Refúgiate en el escondite de lo secreto. Seré almohada y cobija.

Déjame inclinar el cielo hasta el suelo y bajarte una estrella, construir escalones que nos eleven a otra esfera, dibujar unas huellas directas al sol, alcanzar el universo al estirar nuestros brazos. Te enseñaré que hay un lugar mejor donde las lágrimas dejan de ser tristeza, la muerte es herida de muerte y no habrá lugar para las sombras. Abriré mis manos, extenderé redes, sembraré sueños, repartiré risas y caricias. Pero déjame.

Déjame repetir una y otra vez: Te amo.

Déjame o… déjame.

Photo by virgirm