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Jordi Hortelano cultiva el relato corto, que publica en la web Desafíos Literarios a la espera de la impresión de una antología colectiva. Ha publicado “El secreto del señor Evol”, un falso cuento infantil que en estos momentos va a distribuir su segunda reimpresión.

Se dice que es el desamor, no el amor, el motor de la literatura. Esto no es cierto en el caso de Hortelano. Se diría que cada día sueña con alguna de las mujeres que describe en sus relatos. Le notamos en un trance que sólo sienten los enamorados pero al no poder estar junto al objeto de su deseo por lo común, estaríamos ante un anhelo más que un desamor. Lanza besos, caricias y miradas que de furtivas nada poseen, en una suerte de erotismo velado, presente pero jamás escrito, dejado por completo al lector.

El enamorado narrador de Jordi es altruista: da consejos a un Príncipe Azul para que cuide a su amada, detalle a detalle. Las mujeres de Jordi son femeninas que no cursis, delicadas que no frágiles, objeto de culto y de deseo a la vez. Las idolatra y siempre las cuida, deseándoles lo mejor incluso si su felicidad ha de yacer en brazos de otro hombre en una concepción del amor equiparable a la libertad plena.

El estilo de Jordi Hortelano es colorido, detallista. Hace vivir nítidas escenas sin escatimar adjetivos, y promueve la empatía en los sentimientos. Todo ello contribuye a que el lector se sumerja en sus mundos y si sobrevive a ellos, pida más.

Qué decir que pueda empañar sus letras, poca cosa. En realidad, tendría una virtud respecto a otros escritores: no se siente perfeccionista. Tanto hay que contar, que no corrige un relato al poner punto final, sino que pasa a escribir otro. Ya habrá tiempo, razona, cuando éste vaya a ser publicado. Creo que eso denota valentía a la vez que oficio, pues ofrece lo que constituirían primeras versiones de muy razonable calidad.

No todo son amores en la literatura de Jordi Hortelano. Entre sus escritos se hallan otros relatos que nos llevan a escenas crudas incluso, donde apreciamos que sus dotes imaginativas van más allá del anhelo.

Síganle en su columna “Goteando Letras” de la web Desafíos Literarios.