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«Decisiones… —pensé esperando con un vaso de whiskey entre las manos—. La vida es una sucesión de ellas, un continuo baile de pequeños detalles que van moldeando nuestro destino. Una de esas en apariencia insignificantes decisiones me cambió la vida años atrás… Pero a mí, el tiempo, no supo o no quiso curarme las heridas. Un simple paso atrás, un huir en vez de luchar, un giro a la izquierda, un cambio de sentido, un proseguir…, un te quiero en vez de un adiós, una caricia en vez de una voz, apretar el gatillo, no hacerlo…, matar o vivir… Cada gesto, cada movimiento, cada palabra nos aboca a ese sino que espera. Aunque quizá solo estemos forjando un camino por el cual alcanzarlo, y este nunca cambie a pesar de nuestras resoluciones. Quizá nuestra única decisión en la vida sea el cómo alcanzar el fin».
Y yo aquel día tomé una que sí cambió el mío, o al menos, es lo que el destino quiso que creyera.