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Después del primer momento de angustia
sobrevino la alegría de saberte dentro mío.
Se habían hecho trizas los sueños adolescentes
y era tiempo de pensar muy bien los pasos a dar…
Pero el cascabel de la muerte rondó a mi puerta
y debí luchar con uñas y dientes
para que no te arrebataran de mis entrañas…
Fueron semanas de dolor y lágrimas,
miedo y desilusión.
¡Qué gran momento para desaparecer!
Hubo opiniones encontradas, reproches,
y sólo tus pequeños latidos me daban aliento
para seguir adelante.
Aún hoy no comprendo ese empeño
en quererte separar de mi cuerpo
cuando ambos nos necesitábamos
para seguir viviendo…
Doy gracias a Dios por haberte enviado
precisamente cuando renegaba de
traer más vida a esta tierra por creerla
tan cruel y nauseabunda…
Si tu presencia hace destellar en mí la ilusión
y la fé en un futuro mejor.
Si vos y tus hermanos, y por supuesto tu padre
son mi motivo para salir a pelearla cada día.
Y si tuviera la posibilidad de barajar
y dar de nuevo, haría sin duda la misma jugada,
porque me trajo hasta este presente maravilloso
en donde encontré una familia
y un motivo para seguir apostando
a que algo vamos a poder cambiar…