Le di un último sorbo al café y me quedé observando como de entre los residuos, comenzaban a dibujarse pequeñas imágenes. En el fondo de la taza, surgían contornos y siluetas de puertas abiertas. A veces pareciera que la vida nos habla a través de símbolos, como si de señales se tratara, a veces guían, a veces anticipan, a veces nos invitan tan solo a comprender el momento. Justo ahí, en el fondo de la taza, llamaba poderosamente mi atención una llave, como esas llaves antiguas, grandes y pesadas que ya no se ven hoy en día, era tan clara y precisa que era imposible pensar en alguna casualidad. Mi imaginación comenzaba a volar, después de todo, una llave tiene un cierto poder. Una llave puede abrir la puerta a pasadizos mágicos lleno de historias encantadas, también podría abrir grandes cofres de tesoros ó revelarnos misteriosos secretos, una llave tiene el poder de abrir, pero también de cerrar.

De pronto él entró a la cafetería poniéndole pausa a mi lluvia de pensamientos. Había pasado un año después de su adiós. Caminaba pausadamente entre las mesas cortando mi respiración. De manera inesperada, me encontraba frente a frente con el pasado, con lo que no pudo ser, con los ciclos pendientes, con los recuerdos sombríos, las dudas intermitentes, el futuro eclipsado y los fallos sin perdonar.

— El amor es la llave — me dijo la mesera, mientras interrumpía mis nudos mentales —. La miré fijamente sacándola de su intromisión.

— Disculpe, pensaba en voz alta —. Me dijo mientras limpiaba mi mesa. Dio media vuelta y se fue. Sus palabras retumbaban en mi, sacudiendo mi mente como quien sacude un jarrón empolvado.
Volví la mirada hacia él ¿y si diera yo el primer paso?. Tomé la taza entre mis manos con la intención de dirigirme a su mesa, aún con las dudas, aún con mis resistencias. Por un momento quise desaparecer, pero el destino no se equivocaba y no creía en las casualidades, además, yo tenía una llave y por supuesto, le pertenecía a él. Di el primer paso y entre contradicciones, llegué a donde estaba él.

— ¿Me acompañas con un café? — le dije, encubriendo mi inseguridad con una sonrisa.

La llave era perfecta, iba reparando con suavidad las piezas rotas, disipando las sombras del pasado. Pero esta llave, no parecía pertenecerle a él. Ensamblaba perfectamente en mi corazón, en sus candados y armadura. En tan pocos minutos, esta llave antigua había sido capaz, de cerrar la puerta a las dudas.

Me encanta deshebrar el misterio de la vida y los hilos que nos unen con el todo. Disfruto de proyectar mi visión del mundo a través de las letras.

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