Inquieto niño de ocho años revolotea en su casa esperando la merienda; aquel chocolate impregnado en el pan. Si te puedes retraer en el tiempo, verías a mamá preparando; pan con aceite o, tal vez, si eres de los míos; esperarías tu pan con vino y azúcar. En cualquiera de los casos, el balón en el regazo y los amigos en la puerta, serían los actores; el escenario, la calle, la puerta de la casa.

La niña orlada de lisonjas y abalorios, aguarda su merienda; su pan con chocolate o, tal vez, mantequilla de colores. Las madres al aguardo de su charla, mientras ellas; esgrimían tiza y goma, encaminándose a la calle. Las amigas chismorreando en la puerta formaban el elenco de actrices; el escenario, la calle, la puerta de la casa.

Sambori o Rayuela, Tula o Escondite, Churro va o el partidillo; compartían el espacio de la acera, en aquellos tiempos en que los coches no pasaban por la puerta. Encontrar el envase de cartón de una lavadora, significaba el mejor tesoro que pirata alguno encontrara en las playas del Caribe; una cuerda, el acicate de unión entre culturas tan distantes.Comba 01

Las niñas y los niños se devanaban en saltos y maneras, en cantos y figuras; la Comba, la reina de tardes, se hacía omnipresente en emoción y algarabía. Los postreros rayos de sol en los inviernos iluminaban alborozos. Los niños y las niñas compartían sus procederes, mientras se manifestaban en la danza de sus juegos inocentes.

El barrio se vestía de fiesta todas las tardes para albergar su alboroto; las risas o los quebrantos que, en algunas ocasiones, esbozaban una lágrima de pena. La luz ocre del invierno emanaba álgida en sus últimos momentos, anunciando la noche; advirtiendo retirada.

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