La tarde se escapa furtiva y se funde en un abrazo con el ocaso. Los colores juguetean entre las nubes y saltan traviesos, sabiéndose observados por los ojos admirados de los hambrientos de belleza. El mar en calma, espejo del espectáculo, se deja mecer mientras contempla la secuencia de tonalidades que surcan los cielos. La brisa, cómplice con el lienzo extendido, acaricia las ondas del mar, las altivas palmeras y a las gaviotas que pasean perezosas a la orilla del mar.

La luz se está ocultando temiendo ser una intrusa y deja paso a la atrevida oscuridad que comienza a cubrirlo todo con su tupido manto. En una lucha invencible se imponen las sombras y cubren el escenario de penumbra. Los tonos rojizos, azulados y violentas se esconden de las miradas y la negrura se yergue orgullosa, imponiendo su voluntad. La luna, de forma tímida, con una sutileza exquisita, desafía a la noche y, con suavidad, dulcemente, sin prisa, sin pausa, comienza su ascenso hacia las alturas desafiando a las tinieblas. La noche la rodea, la amenaza. En un feroz duelo se baten en medio del firmamento, la esfera radiante tan solo se deja llevar por las fuerzas del universo, se eleva hasta las alturas y brilla con intensidad. No hay orgullo ni vanidad en su resplandor, tan solo deja reflejar la potencia de alguien más grande, más fuerte, más bello. Alguien con quien tiene una alianza eterna, una historia de amor abrasador. Y cuando alcanza la máxima altura de nuevo se hace la luz y vence frente a la oscuridad. Minúsculos destellos salpican la bóveda celeste y cuánto mayor es la negrura, más grande es su luminosidad. Sonríen desde los cielos, simpáticos guiños que arrancan desde la penetrante penumbra.

Así brillan muchos corazones en medio de las más oscuras situaciones.

La alianza de lo humano con lo divino crea luz y esperanza.

Photo by JesusAbizanda

Mati

Mi titulación como mi vida es rara. Soy correctora, que no perfecta. Espécimen difícil de clasificar. Saltimbanqui sin fronteras. Habilidades, las justas para sobrevivir. Mis gustos están alineados con mi alienación. Me irritan las sensiblerías y aborrezco la indiferencia. Soy el silencio pero siempre hay una canción en mi vida. No soporto ver la tristeza en los demás, prefiero cargarla yo. De manos pequeñas pero solidarias. Apariencia frágil, convicciones firmes. Introspectiva de ojos grandes que miran hacia afuera. Más oidora que habladora. Y más que otra cosa, amo amar.

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