Soy mamá, soy una mamá orgullosa. Tengo un hijo increíble que ilumina mis días más oscuros, que deshace mi corazón cuando me mira con la redondez de sus ojos, que detiene el tiempo con su sonrisa y hace de la vida una aventura maravillosa. El día que nació el universo se paró a contemplarlo y las estrellas brillaron con más intensidad. Se me corta la respiración con un solo abrazo suyo y creo que voy a explotar de amor cuando acaricia mi mejilla y me dice: Te quiero. He disfrutado cada instante a su lado, desde el momento que abría sus luceritos por la mañana y empezaba la lucha de la educación, hasta el instante del cuento de la noche, cuando la fantasía se desataba y se compinchaba traviesa con la realidad y creábamos nuevos mundos, y luchábamos con dragones, y volábamos con Peter Pan; allí donde la ilusión se recostaba en la almohada y la magia brincaba incansable en su cama y despertaba a sus juguetes y salíamos de acampada con ellos. Me encantaba cuando teníamos que rescatar a la princesa y le brillaba la mirada cuando vencíamos a los gigantes.

Que satisfacción tan grande he sentido con cada logro y cada éxito de mi niño. Sus primeros pasos fueron más importantes que el famoso de Neil Armstrong sobre la luna, y sus hazañas  mayores que las del Apolo 11 y más trascendentes, ¡ya te digo! Las primeras palabras que pronunció, a pesar de su lengua de trapo, eran música a mis oídos. El primer diente lo celebramos como si nos hubiera tocado la lotería, cosa que habría sido para celebrar, digo, si nos hubiera tocado, teniendo en cuenta que nunca compro. Quitar el chupete y el pañal fue motivo de fiesta por largo tiempo y la mami orgullosa (o sea yo) podía presumir de hijo y os puedo asegurar que se puso pesadita con las amigas alardeando de sus grandes triunfos. Los descubrimientos de mi peque me fascinaban más que los del propio Benjamín Franklin o Alexander Fleming  y sus inventos fueron más grandiosos que los de Johannes Gutenberg o Thomas Alva Edison. Eran extraordinarios sus dibujos llenos de color y vida sobre el folio, la mesa, el sofá y las paredes del salón, y qué deciros de sus obras de arte en medio de su plato de comida, con qué habilidad amontonaba “cositas” y esparcía retazos de creatividad por la cocina, el suelo  y a veces hasta el techo. Por nada del mundo me hubiera perdido esas batallas de cosquillas y carcajadas, o el “a ver quién se mancha más de chocolate”. No sé cómo se las arreglaba, pero él siempre ganaba.

Otro de los momentos fantásticos con él eran cuando salíamos de paseo, sentir su manita regordeta apretando fuerte la mía, como diciéndome: -No me sueltes mami, te necesito- y recorrer los parques de siempre como si fueran diferentes y viajar a países exóticos solo con la imaginación, coger el avión de la fantasía y volar más alto que los cohetes. Hasta navegamos en barcos piratas y cometimos alguna que otra fechoría y escondíamos el botín en una isla desierta que solo nosotros conocíamos, pero dejábamos pistas por si algún náufrago despistado se perdía encontrara el camino de vuelta. Dibujamos un mapa del tesoro porque nuestros trofeos eran muy valiosos y no debían permanecer ocultos, se tenían que descubrir. Verlo crecer ha sido una gran satisfacción y con su tamaño también creció la ilusión y el amor, si acaso eso era posible. Mi hijo es único y especial, lo amo con locura y no entiendo mi vida sin él. La vida me lo regaló y no quise renunciar a su presencia. Ah, por cierto, mi hijo se llama Kilian, tiene Síndrome de Down y un desalmado me recomendó abortar.

Photo by Érre Ortega

Mati

Mi titulación como mi vida es rara. Soy correctora, que no perfecta. Espécimen difícil de clasificar. Saltimbanqui sin fronteras. Habilidades, las justas para sobrevivir. Mis gustos están alineados con mi alienación. Me irritan las sensiblerías y aborrezco la indiferencia. Soy el silencio pero siempre hay una canción en mi vida. No soporto ver la tristeza en los demás, prefiero cargarla yo. De manos pequeñas pero solidarias. Apariencia frágil, convicciones firmes. Introspectiva de ojos grandes que miran hacia afuera. Más oidora que habladora. Y más que otra cosa, amo amar.

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Comments

  1. Preciosa descripción de esa maravillosa relación madre/hijo (por experiencia estoy seguro que existe una versión padre/hijo, pero no dudo que las mamás la vivís con más intensidad). Y enhorabuena por tu hijo Kilian.

     

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