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No creo que nadie pueda morir de amor.
Ni que unos ojos puedan causar dolor.
No creo en ausencias que hundan en océanos de lágrimas.
Ni en cuentos que narren romances eternos.
No creo en rostros que sean perdición.
Ni labios que sean carne de cañón.
Pero en silencio,
en soledad,
creo en ti.
Que muero de amor,
que tus ojos son dolor,
que me hundo en un océano de lágrimas,
que eres romance,
eterna perdición,
mi carne de cañón.

 

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