Había muerto a sus ilusiones. Las había sepultado, guardado luto y renunciado a ellas. La muerte es algo que no tiene vuelta atrás, no hay solución para ella. Cuando la muerte hace su aparición todo lo demás desaparece, se hace la oscuridad, el silencio, el vacío… Es inexorable, dura y definitiva. Las promesas que se hicieron se desvanecen, se pierden en la nada. La zozobra usurpa el lugar de la alegría. La caída al pozo de la desesperanza parece no tener fin. Esperaba un libertador indestructible pero se encontró con un siervo que decidió morir. Persiguió a un guerrero revolucionario pero en realidad era un esclavo del amor que tenía una misión que cumplir. Fue a llorar a una tumba precintada y custodiada. No había amanecido todavía y a través de la tenebrosa madrugada la acompañaban sus sueños rotos, sus lágrimas amargas y el perfume que vertería  sobre un cuerpo inerte.
Durante el crudo invierno aquel árbol que en sus mejores días lucía frondoso, prendido de flores rosadas, despertando sueños de amor, ahora se mostraba desnudo y seco. El cercis con la muerte en sus retorcidas ramas se presentaba sin esperanza de brotar, mustio y yermo. Se dibujaba una imagen de derrota en sus brazos despojados de hojas.  Pero repentinamente la magia de la primavera hizo acto de presencia y trajo consigo el maravilloso milagro de su resurrección. La orden de la creación le permitió dar vida cuando todo se mostraba muerto. Los milagros se suceden a diario a nuestro alrededor ante la mirada de ojos ciegos que no aprecian la verdad más sublime. La vida vence a la muerte, la esperanza al dolor, el bien vence al mal, el gozo a la desesperación.
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La tumba estaba vacía, los sellos habían sido rotos, la piedra estaba removida de su lugar y unos lienzos huérfanos descansaban sobre la fría piedra del sepulcro. Una corona ensangrentada reposaba sobre el suelo de la oscura cueva. Un anuncio de que la vida había vencido la despertó del desconcierto. Era cierto, todo lo que Él había dicho era verdad. Ahora había que extender la noticia. La muerte ha sido vencida,  Él había matado a la muerte, se había abierto el Camino hacia la libertad, la verdadera felicidad. Ella salió corriendo para dar a conocer el suceso: ¡Ha resucitado!

Photo by wallygrom

 

 

Mati

Mi titulación como mi vida es rara. Soy correctora, que no perfecta. Espécimen difícil de clasificar. Saltimbanqui sin fronteras. Habilidades, las justas para sobrevivir. Mis gustos están alineados con mi alienación. Me irritan las sensiblerías y aborrezco la indiferencia. Soy el silencio pero siempre hay una canción en mi vida. No soporto ver la tristeza en los demás, prefiero cargarla yo. De manos pequeñas pero solidarias. Apariencia frágil, convicciones firmes. Introspectiva de ojos grandes que miran hacia afuera. Más oidora que habladora. Y más que otra cosa, amo amar.

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