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“SEGUIR JUNTOS”

CARTA DE DON ATAULFO MENDOZA DE LA PENA A SU AMIGO TALLER

España, 26 de Enero de 2014 año del Señor
Mí querido amigo taller:
Le pido me disculpe. Mis trazos lentos no son por falta de agilidad mental, ni apatía o indecisión. Mis dedos no sostienen con firmeza ésta pluma con la que escribo. A mis casi noventa años, mi cuerpo pide ir despacio. Por otro lado, sé hasta qué punto será difícil entender mi trémula o torsionada escritura.
Mi deseo es que esta carta sea bien recibida.

Desde esta solitaria y fría habitación, aislada del mundo exterior, me encuentro a la espera de mi último viaje en ese tren que todos conocemos, he visto su bandera.
Antes de marchar quiero despedirme de los amigos como usted, mi querido amigo taller.
Algunas reflexiones dejo escritas en mis cuadernos. Como despedida le escribo esta.
A lo largo de la historia los pueblos desaparecen para dar paso a nuevas gentes y creencias. Quizás llegó el principio del fin y debamos aceptar que nuestro final ha llegado.
No existe un mundo mejor, existe nuestro mundo, éste mundo caótico, desordenado y casi desmembrado.

A mis oídos han llegado noticias de que un alumbrado quiere separar, cortar, desmembrar lo que tanto ha costado unir. Es como querer arrancar los brazos o las piernas a un cuerpo contaminado de avaricia.
Estos giros los realizan aquellos que se creen con el derecho y obligación de destrozar la vida de miles de personas que se encuentran ajenos a los desvaríos mentales de aquellos cerebros superiores que se equivocan.
Juegan con la vida y la muerte.

Usted, que tantos tornillos posee, en ese, su taller, no puede impedir que un río arrastre todo lo que encuentra a su paso en una noche de fuerte tormenta.
Usted, lo único que sí puede hacer es clavar cinco tornillos en el cuerpo de ese que se cree dueño de la verdad absoluta y de uno de los mayores errores humanos.
Hambre, genocidio, éxodo, sufrimiento en vano.
Por otra parte sé hasta qué punto es difícil.

Le pido una vez más que me perdone la mancha en el papel, la pluma ha soltado toda su tinta. Volvería a escribir en otro papel pero no me quedan fuerzas. Nuevamente le pido disculpas
A duras penas me da tiempo de tapar mi boca con un pañuelo, en estos últimos días de mi invierno ha aumentado mi debilidad pulmonar y sangrados por la boca.

Confío en su comprensión porque tiene usted un alma grande. Correría rápidamente a besar sus pies pero mis casi noventa años y la enfermedad, impiden que lo haga.
Yo, como siempre suyo, humilde siervo afligido, penitente y moribundo, amigo.
Ataulfo Mendoza de la Pena

[(SEGUIR JUNTOS, SANDY TORRES 2014)]