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Javier se encontraba en su casa cuando oye el timbre sonar. Sin preocuparse en calzarse los zapatos se levantó a abrir la puerta. Una mujer de sesenta y tantos años yacía frente a él. Tenía el cabello rubio, corto y vestía un chal que combinaba con la falda.

—Buenos días Javier.

—¿Cómo le va Delia?

—Te traje estos bizcochos, hice de más.

—Adelante. Pase.

—Solo será un segundo.

La mujer entró y apoyó la bandeja con los bizcochos en la mesa. No era la primera vez que le preparaba algo al joven. Javier, solía levarse muy bien con los vecinos y hacer favores. Consideraba a Delia como su abuela postiza, pues le recordaba mucho a su verdadera abuela, tanto físicamente como su forma cordial y simpática de ser.

—Están recién salidos del horno.

—¿Quiere que sirva unos mates?

—No, no, tengo cosas que hacer, pero quisiera pedirte un favor. Este fin de semana tengo que viajar, mi hermana está enferma y me toca cuidarla.

—Es grave.

Pregunta con seriedad.

—No, pero me necesita y no tengo con quien dejar el perro ¿Podrías cuidarlo?

Javier dudó unos segundos. No estaba seguro si tendría tiempo.

—Desde luego te pagaré.

—No Delia, no es necesario.

—Pero dejame ayudarte, siempre nos hacés favores de forma desinteresada y es una vergüenza para mi disponer de tu tiempo por tantos días.

—Está bien Delia, déjeme las llaves y me paso a verlo.

—¡Oh no! es necesario que te quedes en casa. Mi perro es… delicado. Es menester que te quedes y en lo posible que pases el día. Desde luego te dejaré comida no tendrás que hacer nada que no sea cuidar el perro.

Javier parecía meditar su respuesta, no le agrada la marcada insistencia para que se quede, pero le da lástima negarse y acepta.

—¿Cuándo se va?

—El viernes por la noche ¿Podrías venir a las siete?

Javier Asiente.

—Gracias, Javi, lamento no haberlo dicho con más tiempo pero necesitaba resolver este asunto con rapidez y no me animaba a contratar a un desconocido.

Delia se retira y Javier siente el peso de un compromiso que no quiere hacer, pero lo enfrenta El viernes a las siete en punto se presenta en la casa de Delia.

Delia esta acelerada va de aquí a allá buscando tener todo lo necesario: valija, documentos, teléfono. Mientras se pone los aros, le indica a Javier donde se encontraba Milko, el perro y se indigna al ver que está en una habitación dentro de una jaula bastante grande, pero que, para él, es opresiva y algo cruel.

—Lo tengo aquí porque es donde se siente seguro.

Dice de forma natural.

—Disculpe Delia, sin ofender, le parece correcto mantenerlo encerrado.

—Tonterías, a él no le importa. Ahí tiene su platito con comida y agua. Sacalo al jardín para que haga sus necesidades y por favor regresalo a la jaula.

Delia hace énfasis en la última oración y la repite, eso le parece extraño a Javier. Luego le indicó la habitación donde iba a dormir y la puerta del baño. Por el pasillo había otras dos puertas que Delia no menciono. Era la primera vez que Javier se adentra en esa vivienda. Había estado, un par de ocasiones, en la cocina.

Delia llama un auto y cuando llega se despide de Javier.

—Gracias de nuevo —dice tomándole de la mano— si todo sale bien el lunes estaré aquí y te pagaré lo convenido.

Javier nota algo extraño en la manera que Delia se despide, pero no está seguro y no le da importancia.

La casa está en completo silencio, pero nota un ambiente extraño, frío con algo raro, se siente observado. Antes de ir a ver al perro, quiere prender algunas luces más, porque la casa está en penumbras y, para su sorpresa, descubre que las otras luces no funcionan. El pasillo por ejemplo, está a oscuras, a excepción por una lámpara de pared, que apenas alumbraba un poco.

Javier fue a donde está el perro, pertenece a la raza Beagle y lo ve demasiado quieto. Alumbra con su celular para tener mejor luz y empezó a hablarle. Sintiéndose culpable se deja convencer por su carita, y lo deja salir de la jaula pero no de la habitación. El perro quería salir, piensa que querría ir al jardín y lo deja salir, pero Milko se dirige a un puerta y da vueltas deteniéndose para oler por debajo de ella. Javier intenta abrirla pero tiene llave. Es la única puerta con llave. Insiste para que Milko salga y, con esfuerzo, logra que saliera al jardín donde orina un poco y regresa rápidamente. Javier piensa que no pasa nada si lo deja correr en libertad un rato, pero Milko vuelve a rascar la puerta con llave, eso lo pone nervioso y le encierra en su habitación.

A eso de las nueve de la noche, Javier se hace de comer unos sándwiches y se sienta en el sillón a ver la tele. Diez y media siente unos ruidos, pero el último fue más fuerte y cree que viene del pasillo. apaga el televisor y se acerca con atención. Piensa que era el perro, pero algo escucha detrás de un puerta. Un escalofrió recorre su espalda, siente como si no estuviese solo en la casa. Cuando abre la puerta, encuentra la habitación de Delia. No hay nada fuera de lo normal; un armario, una cama individual una mesa auxiliar, una cómoda, una mecedora con una muñeca de porcelana mirando en dirección a un rincón.

Vio a Milko y decide no encerrarlo en la jaula, le deja la puerta abierta para que pueda acceder a su camita y solo mantener cerrada la de su habitación.

Pasa por el baño y poco después empieza a curiosear por la casa. En el comedor encuentra una biblioteca, entre los libros, algo le llama la atención, es un punto rojo. Al investigar descubre una cámara que estaba grabando. Como estaba escondida supo que fue puesta a propósito y se siente ofendido. Revisa los títulos de los libros, en su mayoría son libros de extrema derecha, pero le sorprende mucho al encontrar libros de temas paranormales y, a medida que mueve los ojos a otros títulos la temática, se vuelve más turbia con libros de hechicería y rituales.

Abre un armario y encuentra una carpeta con recortes de personas desaparecidas, mayormente niñas, niños. Esto hace que se sugestione y piense incluso cosas turbias relacionando la literatura de su biblioteca con las desapariciones. Intenta calmarse, después de todo, eran cosas inventadas por su mente, no hay ninguna evidencia que indique que sus pensamientos eran correctos, pero está nervioso, aun así, piensa que le van a pagar una buena cantidad para tres días.

Decide mirar más televisión para distraerse y se queda dormido. Se despierta y escucha ruidos nuevamente. Tiene la piel erizada y se acercó nuevamente a la habitación. Al abrir la puerta todo parece en orden, excepto un detalle: la cabeza de la muñeca ya no mira hacia el rincón, sino que mira hacia donde está Javier. Examina la muñeca, tiene un mal presentimiento. Evita levantarla. Sale de la habitación y se dirige a la puerta con llave. Se pregunta que habría de aquel lado y se decide a abrirla, busca en el llavero y encuentra algunas llaves, pero ninguna abre la puerta, intenta forzarla y no logra abrirla.

Tenía miedo, no se siente capaz de dormir en aquella casa, Se queda en el comedor y el sueño le gana nuevamente. Esta vez tiene una pesadilla y se despierta bruscamente al escuchar una risa femenina, como si se tratase de una niña. Al despertar nota que la muñeca yace sentada en el suelo a solo unos metros de Javier. Esto es demasiado para él con miedo, agarra al perro y se lo lleva a su casa, sin sospechar que es la peor decisión que puede tomar.