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Escucho las voces que se esconden, en la melodía de ese maldito violín.
El mismo armónico lleno de promesas tocadas para nosotros, y que ahora ahogan mis entrañas.
Quiero cerrar barreras y aislar sentimientos, en el tiempo que me amaste.
¡Necesito liberarme!
Romper esas perpetuas cadenas ,que condenan mi estabilidad y borran mi equilibrio.
Histriónicas e insinuantes palpitaciones, levantan aún un pecho desfallecido que necesita descanso.
Amargo recuerdo que entorpece la andadura sobre lisa estampa, y alberga esperanzas que llenan de vergüenza las arcas de mi insolencia.
Y es que por inecia, y quizas por venganza, entrego mi cuerpo como basta mercancía, que es moneda de cambio al ultraje recibido.

Carmen Escribano.