Os presento mi nuevo relato. Se lo quiero dedicar a Jordi Hortelano. He recolectado una frase suya (perdón por el chiste fácil) y me ha servido de inspiración para crearlo. La frase en cuestión es la pregunta que María le hace a Juan. Espero que os guste. ¡Ah! El señor Hortelano me ha dado autorización para compartir el relato. La foto que le da color es de Gloria. Una mujer que no sólo hace magia con las letras sino con las imágenes. Gracias por tu arte y por dejarme compartirla. Como cualquier obra de arte, recuerdo que están todos los derechos reservados.

“Hoy María ha despertado al despertador. El cansancio acumulado de toda la semana le hizo irse a la cama pronto y dormidas las 6 horas que está acostumbrada ya no tiene más sueño.y se ha desvelado Sabe que de nada sirve dar vueltas en la cama para volver al mundo de los sueños, así que decide levantarse.

Abrigada con una bata y una taza de café en la mano, sale a la pequeña terraza. Es invierno y ha amanecido hace apenas unos minutos. Se acerca al rosal, la única planta que le da color al espacio abierto. Observa una gota de rocío en la punta de una de las hojas. Tiembla levemente, intentando no desprenderse de la hoja, luchando contra la gravedad. Se ve reflejada en la gotita, ella también tiembla y no es ni ahora ni por frío. Lo hace cuando ve a Juan, cuando queda con su amigo para tomar café o ir al gymnasio. Precisamente fue él quien le regaló hace año y medio el bonito rosal. Pensar en él le hace volver a la realidad. Recuerda que se había puesto el despertador para hacer las tareas propias de un sábado como limpiar, planchar, cocinar e ir a la compra. Normalmente lo hace a lo largo de todo el día, pero no va a tener tiempo ya que han quedado por la tarde para ir al cine.

Mientras un pequeño chorro de agua llena la taza, el despertador le recuerda que no lo ha apagado. Camina hasta la habitación pensando en la gota de agua que vive sobre una hoja. El realidad la gota ya no tiembla, porque la gravedad ha vencido la batalla, pero eso ella no lo sabe.

Tras los dos besos de rigor, caminan hacia la entrada del cine. Él ha sacado las entradas por internet y sólo tienen que coger las palomitas y los refrescos.

—Tengo que hacerte una pregunta— le dice ella cuando están sentados en las butacas centrales cuidadosamente elegidas.

—¡Dispara! Luego te contaré yo algo.

—Empieza tú— contesta intentando disimular su nerviosismo.

—Las damas primero. Ya sabes que soy un caballero.

Antes de que María pueda abrir la boca las luces de la sala se apagan. Agradecida por la puntualidad le dice en susurros que se la hará cuando acabe la película. Él asiente con la boca llena de palomitas.

Con las letras de crédito acaba el film. Película de acción, previsible y con los actores de moda. No hay mucho que comentar. María intenta relajarse de camino a la cafetería cercana. Es un bar amplio, en la acera de enfrente. Allí pueden hablar tranquilamente.

—Bueno. ¿Y qué querías preguntarme?

Ella coge aire antes de responder.

—¿Y si te digo que tiemblo por ti, como tiembla una gota de rocío sobre una hoja?

—Una gota de rocío es una gota de agua ¿Verdad?

—Sí.

—¿Y por qué tiemblas por mí? No sé qué tiene que ver una gota encima de una hoja contigo.

—Esto… da igual, déjalo. Es sólo una tontería que se me ha ocurrido esta mañana. He madrugado demasiado

Una risita nerviosa y el sudor de sus manos la delatan. No tiene claro si él no ha querido entender la pregunta o no la ha entendido realmente. Sea como fuere, decide cambiar de tema. Guardará en el cajón del olvido lo que siente por su amigo durante unos meses más, o tal vez para siempre. Tras el momento de tensión, reanudan la conversación hablando del perro de Juan. Él le cuenta que lo tiene malo porque comió en el parque algo que no debía.

Helado de chocolate y chucherías es la cena de María. Hace una hora que ha dejado a su amigo en casa y ahora una peli romántica le hace sacar lo que lleva dentro en forma de gotas de agua salada. “Quiero decirte algo” Las palabras del guapo protagonista le hace recordar la respuesta de Juan cuando le ha dicho que quería hacerle una pregunta. Al final no han hablado de eso. Decide aparcar ese pensamiento mientras se mete en la boca una gominola con forma de corazón.

Toby saluda a su dueño, sin saber que sus tripas revueltas le han servido al hombre para acortar la cita con su amiga. Se siente mal por haberla engañado, pero es lo mejor que podía hacer. Si le hubiera hecho esa pregunta tan sólo unos meses antes, la respuesta habría sido muy diferente. Pero ahora ella no está en su corazón, lo estuvo desde que le regaló el rosal hasta que se dio cuenta que no podría llegar a nada más que una bonita amistad.

Cuando Toby ya ha evacuado la vejiga, le deja en casa y camina hasta un cercano restaurante donde le espera Luisa. Una guapa chica de ojos azules que desde hace un mes le ha recompuesto el corazón que su amiga rompió sin querer. Siente alivio porque no le ha preguntado que quería contarle. Porque decirle que tenía novia habría hecho que no sólo la gota de agua cayera al suelo, sino también la hoja.”

 

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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