LIBRE
Aquél no fue un día como el resto, aún a pesar de que se presentaba con total normalidad, que parecía uno más, uno de esos llenos de rutinas y quehaceres idénticos a los de los anteriores. Sucedió algo inesperado, algo que ni ella misma había podido imaginar. Salió a pasear, a disfrutar de su aroma y de ese azul que lo llenaba todo. Frente al mar, a ese mar que tanto adoraba, a ese mar que traía aire fresco que acariciaba su rostro al mismo tiempo que enjugaba las lágrimas que tantas veces derramó en secreta confesión del dolor que llevaba en su alma, se sentó. Allí decidió descargar esa mochila que durante tantos años había llevado a sus espaldas, y quiso abrirla. Sus manos temblaban ante la sola idea de destapar y ver lo que contenía, pero aun así la abrió. Allí había tantos recuerdos, juegos de niñez en los que sonaban las carcajadas junto a sus hermanos cuando jugaban bajo la lluvia. Regañinas de su madre porque dejaban de hacer la siesta para escaparse por la parte de atrás de la casa para ir a jugar. Las veces que disfrutaba correteando por las huertas corriendo con el perro, dando de comer a un cabrito o simplemente esconderse entre las plantas de maíz. Sin darse cuenta esbozó una sonrisa al descubrir tantos momentos hermosos y los dejó ir quedándose con lo que le habían hecho sentir. Siguió mirando en el interior, todavía quedaban recuerdos. El rostro y la sonrisa de sus seres queridos, esos que ya habían partido pero que todavía estaban allí escondidos, sus manos, sus caricias y el dolor de haberles perdido. Una pena a la que le costaba hacer frente y por eso le ocultaba en lo más profundo intentando así que no saliera a la luz. Sus ojos se llenaron de lágrimas y aquel dolor se hizo nuevamente presente, mirándolo de frente lo reconoció y entendió que ya no era necesario esconderle, que debía dejarlo marchar porque dejar que volara como el viento haría que su corazón se sintiera libre. Aquella mochila vieja y desgastada por el paso de los años cada vez estaba más vacía de todo aquello que la hacía casi insoportable de cargar. Fue como destapar una caja de mariposas, que cuando la abres salen volando hacia el sol, dejando una estela de colores y de hermosas alas agitándose para liberarse. Quedó tan vacía que como ya no había nada que la llenara, desapareció en el aire como las mariposas. Ese día que parecía normal volvió a casa ligera de equipaje, caminaba tan liviana que apenas sentía como sus pies rozaban el suelo, con la mirada llena de luz y libre.
https://youtu.be/CdDDY5nVA3A

Begoña de la Rosa

Begoña de la Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña de la Rosa

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