NECESITAS SOLTARTE

Necesitas soltarte, fueron sus palabras. De pronto recuerdo que tengo que imprimir un correo electrónico. Abro la bandeja, lo mando a imprimir. La impresora se atasca. No quiere ni pretende obedecerme. Pero como quien manda soy yo, la desenchufo. Ahora sí que no podrá ni siquiera desobedecer. La vuelvo a enchufar, ufff ya estoy cansada. Bien ahora funciona. Se ha vuelto tan eficiente que me duplica lo que tenía pendiente. Unos cuarenta folios. Casi nada. Hay otro correo que debo imprimir, me da un poco de miedo, no sé cómo va a reaccionar. Igual hasta se venga de mí porque la he desenchufado antes. Pero no, se ha portado de maravilla. Creo que le ha sentado bien que le demuestre quien lleva la voz de mando. Se me va más de media hora. Yo que estaba dispuesta a soltarme. Por cierto que me he mirado y no estoy atada ni nada de eso. ¿Será el pelo lo que este hombre quiere que me suelte? Supongo que no, puesto que lo llevo corto y él lo sabe. Nos hemos visto alguna que otra vez. Esto de las nuevas tecnologías tiene su lado bueno. Hablar con alguien que está a miles de kilómetros como si estuviera a tu lado, está muy bien. Bueno a lo que íbamos, que me distraigo con facilidad. Si no estoy atada, el pelo lo llevo corto, lo de soltarme ¿a qué se referirá? Sigo pensando. Los pies y las manos están libres. Si me levanto puedo deambular tranquilamente, aunque ahora mismo no lo haré, porque tendría que dejar de escribir. Ya sé, querrá que me suelte, que sea un poco ligera. Pero vamos a ver, llegados a ese razonamiento, yo no soy un globo, para sentirme ligera. Reconozco que no estaría mal serlo, por eso de volar. Mejor no. Puede aparecer el gracioso o graciosa de turno pincharme y saldría despedida a una velocidad vertiginosail_570xN.501156587_2gss y hacia quien sabe dónde. Igual tengo que contratar un detective privado para que me ayude a descubrirlo. También está la posibilidad de preguntarle a él. Pero claro, es un hombre que está muy ocupado. Creo que molestarle para preguntarle qué tengo que soltarme, o como tengo que hacerlo, igual no le gusta. ¿Y si son los cordones de los zapatos? Pero que digo, llevo botas. Tengo zapatillas de deporte, pero el día que nos vimos no las llevaba puestas. También puedo soltar una carcajada. Pero y si no es eso y me frunce el ceño. Aunque da igual que lo haga, estará igual de sexy que cuando no lo hace. ¡Un momento¡ ¿Y si me caigo? Va a ser que no, que yo tengo mucha experiencia en eso. He descubierto que soy capaz de volar, pero que lo de aterrizar no es mi fuerte. Quizás deba tomar unas clases de como aterrizar. Aunque mejor no vuelo y listo. Bueno lo de volar, si es en avión sí, porque viajar me gusta mucho, como a la gran mayoría de los mortales. Esto último tiene sus matices. Los animalitos son mortales y no sé si les gusta volar. Al pájaro seguro que sí, porque lo hacen todo el tiempo. A todo esto, que todavía no sé qué es lo que quiere este hombre que me suelte. De momento no se me ocurre nada más. Aunque puedo soltarme el liguero……

Begoña de la Rosa

Begoña de la Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña de la Rosa

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